Artículo de Javier Aroca Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Andalucía como experimento

Moreno Bonilla olvida que la derecha también concurre dividida en tres, que su gobierno es aún de coalición, y que el verdadero Frankenstein es que él gobierne con la extrema derecha

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, durante el discurso de investidura en el parlamento regional.

El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, durante el discurso de investidura en el parlamento regional. / EFE

Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, lleva mucho tiempo frivolizando con el adelanto electoral en Andalucía. A él corresponde esa facultad de convocar y, al fin, lo ha hecho. En ningún caso es una necesidad de los andaluces, no hay beneficio alguno en acortar una legislatura ni hay motivos que lo justifiquen.

De hecho, su propio vicepresidente, Juan Marín, de Ciudadanos, así lo ha advertido. Marín lleva todo el tiempo que Moreno especulaba tratando de convencer a la parroquia de que el adelanto también dependería de él. No ha sido así, como en otras coaliciones de la derecha, Ciudadanos ha sido despechado y, seguramente, también en Andalucía, se enfrentará a su merecido final.

Moreno Bonilla alumbró el primer gobierno con el apoyo de la extrema derecha en España, por mucho que el acuerdo se firmara detrás de una cortina y ambos, PP y Cs, en un alarde de desfachatez, lo hayan venido negando hasta nuestros días. Vox ha sido el pulso del Gobierno andaluz y la tensión de Moreno Bonilla. Fue su experimento y gracias a él ha gobernado esta legislatura que acaba y comenzado la ingente tarea de blanquear a la extrema derecha en las instituciones.

A nadie extraña que la extrema derecha haya sido determinante del adelanto electoral en Andalucía. Bien para detener su ascenso, bien para poder pulsar, tras la experiencia de gobierno en Castilla y León, qué ocurriría, pensando en Madrid, si en Andalucía también tuvieran que gobernar con Vox.

Sin duda que la presencia de la extrema derecha en el gobierno andaluz se da por hecha entre los observadores, el propio PP y Vox, en el caso probable de que Moreno Bonilla lo necesitara para formar gobierno tras las elecciones.

Por tanto, al experimento que ahora termina de un gobierno con el apoyo de la extrema derecha seguiría otro con la presencia de Vox, que ya se ha adelantado a exigir la vicepresidencia. A todo esto, Marín, líder de Ciudadanos clama contra esta posibilidad, con un cinismo propio de estos momentos de descomposición, cuando ellos facilitaron también el ascenso institucional de la extrema derecha en Andalucía. 

En ese experimento también tiene un lugar destacado Alberto Núñez Feijóo. Su prometida y ansiada eclosión parece más un bluf, si exceptuamos las encuestas, con más virtudes culinarias que propiamente demoscópicas. Moreno Bonilla esperaba más de Feijóo, ahora teme que se venga a menos, pero así y todo, ayuda en el experimento hacia la Moncloa.  

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El PP siempre ha tenido claro que Andalucía es, como mucho, una arena para pelear al PSOE, un experimento para sus políticas radicales neoliberales -con un Moreno disfrazado de moderado-, y un escalón para llegar a la Moncloa. Ni siquiera lo ocultan. Tras la llegada de Feijóo, dos de los consejeros más importantes de Moreno, Elías Bendodo y Juan Bravo, despachan habitualmente en Génova, dejando al gobierno de Andalucía en una situación técnica de pato cojo.

Moreno Bonilla no solo convoca en pleno funeral de Ciudadanos, lo hace con una izquierda solo 'en progreso', el PSOE; otra, desunida y un andalucismo minoritario. Juan Espadas hereda el tiempo vacacional de los socialistas después de una derrota que los mantuvo agarrotados e inactivos. Demasiado tiempo de una oposición anodina sin un líder claro que ahora pueden pagar. Espadas no parece un líder de masas y su papel en el tablero andaluz 'gabilondea', le he escuchado a un viejo dirigente socialista.

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A su izquierda, siglas, egos y también otro experimento, pero esta vez desde Madrid:  'frenteamplismo' de izquierdas, inmersos siempre en convergencias y divergencias con los mismos protagonistas. Pero, en realidad, del buen fin de las opciones de izquierdas y andalucista, también depende el futuro de Espadas y el cambio de gobierno en Andalucía.

Moreno Bonilla ha declarado estos días que solo hay dos alternativas: o Moreno o Espadas con un gobierno Frankenstein. Olvida que la derecha también concurre dividida en tres, que su gobierno es aún de coalición, y que el verdadero Frankenstein para Andalucía es que Moreno gobierne con la extrema derecha. Un experimento el adelanto y el gobierno con Vox, cuya víctima seremos los andaluces