Artículo de Álex Sàlmon Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Los libros mojados

Tras la lluvia en Sant Jordi, las pequeñas librerías con paradas en la calle no tienen claro todavía cómo pagarán lo comprado en firme

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Una de las paradas de libros instaladas en el paseo de Gràcia sale volando el día de Sant Jordi.

Una de las paradas de libros instaladas en el paseo de Gràcia sale volando el día de Sant Jordi. / RICARD CUGAT

El papel pasado por agua tiene un olor desagradable. Esa mezcla de madera hecha pasta, con su lignina en proporciones medidas, que son un polímero formado por grandes moléculas, cuando se moja apesta. Esto que describo, sin tener ni idea, conserva un olor característico que en seco huele a libro cuando tiene portada. ¡Quién no ha olido profundamente un libro para casi extraer la historia que cuenta! Una delicia.

Pues este Sant Jordi los libros mojados dejaron un aroma que nada tiene que ver con el perfume de uno nuevo. La mala suerte ha provocado que pequeñas librerías con paradas en la calle no tengan claro todavía cómo pagarán lo comprado en firme.

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El negocio dela librería es rentable si se tienen dos precauciones: devolver el libro a tiempo y no querer ser una biblioteca. La primera facilita una rebaja en la factura por lo no vendido. Lo segundo logra que el establecimiento no gaste los pequeños beneficios obtenidos en las ventas. Cuestión de equilibrio precavido. 

Pero los libros mojados de Sant Jordi se han quedado en un limbo, de momento, aunque los Gremios y Cultura hayan avanzado que encontrarán una solución. Porque no fueron los ejemplares, también las carpas que, en muchos casos, volaron. 

Las editoriales normalmente aceptan devoluciones sin problema. Por ello son las últimas en saber si un título ha funcionado hasta que no llegan las cifras de devolución. Es una metodología casi única en Europa. En otros países el librero compra, vende y asume el coste.

En este caso, los libros deformados e inservibles no son aceptados por las distribuidoras, ni por las editoriales. Libro defectuoso. Así que tienen un problema, a pesar de la rápida respuesta de las instituciones ante la tormenta. 

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Las grandes librerías con musculatura financiera se enfrentan al problema con menor riesgo. Pero las pequeñas, la de los barrios, que apuestan en Sant Jordi con pedidos superiores a la media pensando en vender más, esas lo tienen peor. 

La cuestión es qué debe hacer ahora un pequeño establecimiento. ¿Devuelve el libro con el riesgo de que no se lo acepten o espera a alguna acción imaginativa con descuentos sabiendo que su coste ha sido superior?