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Almeida, en manos de Ayuso | Videoanálisis de Verónica Fumanal

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Almeida, en manos de Ayuso | Videoanálisis de Verónica Fumanal

Almeida, en manos de Ayuso | Videoanálisis de Verónica Fumanal

Escribí al inicio de la pandemia, mayo 2020, que José Luis Almeida, el alcalde de Madrid, estaba ganando un liderazgo político y social muy importante a través de una estrategia basada en el diálogo con todas las fuerzas municipales, sin sectarismos, únicamente con la ciudad como bandera. Muchos análisis versaron sobre las diferencias con otros liderazgos más débiles en aquel momento, a saber, Isabel Díaz Ayuso, que era percibida como una presidenta falta de experiencia y con declaraciones que le hacían parecer sobre pasada por el cargo. Fue esa imagen pública de éxito del alcalde la principal razón para que Pablo Casado, que nunca tuvo un liderazgo muy sólido ni experiencia de gestión que le avalara, lo nombrara portavoz nacional del partido para reforzarse. Y ese fue el inicio de la decadencia de su ascenso meteórico.

Desde que la dimensión nacional de Almeida no fuera debido a su liderazgo municipal sino como portavoz de Casado, su popularidad fue cayendo y su prestigio se ha ido devaluando incluso hasta en su propio electorado. Abandonó la estrategia del diálogo con todos los grupos municipales porque esta manera de entender la política chocaba frontalmente con la de Casado que hacia de la oposición al gobierno a todo su principal programa político. En cuanto a las formas, del alcalde gracioso, fajador, campechano que paseaba por Madrid y se presentaba en cualquier circunstancia el primero, como cuando explotó un edificio en la puerta de Toledo, se convirtió en el defensor de las maniobras de Génova, explicando lo inexplicable, contra Pedro Sánchez, lo que le invalidaba para tener una interlocución honesta con los partidos de la oposición en Madrid, pero también contra Ayuso.

Videoanálisis de Verónica Fumanal | Almeida, en manos de Ayuso.  / Verónica Fumanal

Rehén o cómplice

Almeida se convirtió en el rehén voluntario o cómplice necesario de la estrategia orgánica de Génova contra los planes de Ayuso: convertirse en la presidenta del PP de Madrid, algo que conseguirá el 21 de mayo por obra y gracia de Alberto Nuñez Feijoó que de ahorrarse problemas sabe un rato. ¿Por qué rehén voluntario o cómplice necesario? Porque Almeida coqueteó con la idea de presentar una alternativa a Ayuso para presidir el partido madrileño aupado por el apoyo orgánico de Génova. Durante meses, defendió la opción de Teodoro García Egea de retrasar lo más posible el congreso de la Comunidad de Madrid, además de no negar, lo que en política significa afirmar, que podría aspirar a competir contra la de Chamberí. 

Ayuso anticipó el próximo paso contra su liderazgo con la acusación de espionaje contra la dirección nacional de su partido que incluía la participación del ayuntamiento en la trama. Almeida se vio obligado a comparecer para aclarar la cuestión que se saldó con la dimisión del cargo municipal, Ángel Carromero, y de toda la dirección nacional del partido, pero, a día de hoy, los madrileños no saben en qué quedó el tema del espionaje y si con dinero público se espió al gobierno de sol o a los familiares de Ayuso. 

Las mascarillas

Si la sospecha de 'Solgate' ensombrecía la figura ya mermada de Almeida, el caso de los Medina y Luceño ahonda más en la maltrecha gestión de Almeida. Por segunda vez, el alcalde se ha visto obligado a comparecer para intentar explicar si su primo tuvo algo que ver en la contratación, por qué el ayuntamiento pagó un precio exorbitado por encima del mercado, por qué él mismo llamó a Medina para agradecerle una donación sino sabía que se había contratado gracias a su mediación y lo más importante… por qué el Ayuntamiento no denunció el fraude al comprobar que era material defectuoso. 

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Tras la comparecencia del alcalde por la trama de espionaje denunciada con Ayuso, Almeida dimitió como portavoz y desapareció varios días de escena; exactamente igual que ahora que la fiscalía anticorrupción ha evidenciado el fraude de Medina y Luceño que involucra a su primo y que evidencia que el Ayuntamiento fue timado y su gobierno no lo denunció.

Desde el 2020 Almeida ha pasado de ser el líder madrileño con una imagen pública más sólida, a un alcalde muy tocado a nivel interno y externo por polémicas orgánicas y de gestión. Su liderazgo está muy mermado, su lucha interna con Ayuso lo ha dejado débil también entre las bases de su propio partido. Y la paradoja final es que cuando el día 21 de mayo, la presidenta madrileña lo sea también del PP, será ella la persona que decida sobre el futuro político de Almeida, que ha quedado en sus manos.