Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

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Fotograma de ’Crimes of the future’

Fotograma de ’Crimes of the future’

Esta semana han salido el póster y el primer teaser tráiler oficiales de Crimes of the Future, lo nuevo de David Cronenberg. Las dos cosas son absolutamente increíbles. Sin embargo, director y película llevaban desde principios de semana en la conversación en redes por la aparición de un fanart de la película (a cargo del artista barcelonés Hidrico Rubens) que se había compartido y aplaudido como si fuera el cartel oficial.

La aparición de ese póster realizado por un fan, por otro lado espectacular, no ha sido la única noticia no noticia que ha secuestrado la información cinematográfica de la semana. La otra, un caso un poco más peliagudo porque no era simple rumorología de Twitter e implicaba a medios importantes, ha sido la supuesta existencia de una película secreta de David Lynch que iba a proyectarse en el festival de Cannes. Variety publicaba el lunes lo siguiente: “Según dos fuentes fiables, habrá una película de David Lynch que ha estado completamente fuera del radar y cuenta con Laura Dern –ya sea en un cameo o en un papel secundario– y otros habituales de Lynch”. Un día después, Lynch desmentía la noticia en una entrevista para Entertainment Weekly con motivo del estreno en Estados Unidos de la versión restaurada de Inland Empire (2006). “No tengo ninguna película nueva por estrenar. Es un rumor total. No está sucediendo. No tengo proyecto. No tengo nada en Cannes”, comentaba.

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Aunque, efectivamente, no está entre los títulos anunciados hasta ahora por el festival de Cannes, tratándose de Lynch soy incapaz de creerme del todo sus declaraciones: ¿y si sí existiera esa película? O, mejor dicho, no quiero creérmelas. Prefiero seguir fantaseando, aun con el desmentido presente, sobre la existencia de esa nueva película de Lynch. Creo que ha sido precisamente esa necesidad de fantasear lo que ha hecho que esta semana esas dos noticias falsas se hayan vivido como dos acontecimientos reales y extraordinarios. Es verdad que una de esas noticias venía de un medio importante, pero también es verdad que se comunicaba más como rumor (“según dos fuentes fiables” no es precisamente una confirmación contundente) que como certeza. Y creo que, a día de hoy, esa necesidad imperiosa de fantasear con determinadas películas, de imaginarlas, de idealizarlas, de especular con ellas y de avanzarse a lo que ofrecerán se da con la obra de muy pocos cineastas. Y dos de esos cineastas son, sin duda, David Lynch y David Cronenberg.

Esto va más allá de las ganas de ver lo nuevo de una directora o de un director que nos gusten. En un momento en el impacto de las películas (cuando se comunican, cuando se ven por primera vez, cuando están al alcance de todos) es tan efímero, quedan pocos directores capaces de llamar tanto la atención como estos dos maestros. La expectación por sus películas, la mitología imaginaria en torno a ellas, la necesidad de encontrar pistas secretas en cada anuncio que tenga que ver con su trabajo son únicas e intensas. Incluso cuando las noticias son falsas. Y eso es algo maravilloso porque demuestra que aún quedan cineastas con una cualidad casi esotérica que se impone a las exigencias de los tiempos.

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