La campañana militar (17) / Artículo de Jesús Núñez Villaverde Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

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El crucero misilístico ruso ’Moskva’

El crucero misilístico ruso ’Moskva’ / EFE

Cumplidos ya los primeros cincuenta días desde el inicio de la invasión de Ucrania y mientras Rusia completa los preparativos para una nueva ofensiva sobre el Donbás, la pérdida del crucero 'Moskva' es un serio revés para Moscú. A estas alturas casi resulta anecdótico si lo ocurrido es el resultado de un incendio en el buque insignia de la flota rusa del mar Negro, como sostiene el Kremlin, o del impacto de dos misiles antibuque lanzados desde la costa ucraniana, como anuncia Kiev.

En el primer supuesto sería otra señal más del ineficiente rendimiento de la maquinaria militar rusa, precisamente en el único ámbito en el que el dominio ruso era incontestable tanto en el mar de Azov como en el Negro. Ucrania no dispone de nada que quepa calificar como flota de guerra y, por tanto, se entendía que Rusia podía moverse con total libertad por esas aguas, tanto para bloquear la salida comercial de los cereales y el carbón ucranianos hacia otros países, como para apoyar las operaciones terrestres que sus tropas desarrollan en el frente sureste, con Mariúpol como referencia más relevante. Con esa idea, el Moskva- con sus 12.500 Tm de desplazamiento, sus 16 misiles supersónicos antibuque Vulkan y sus baterías antiaéreas S-300- representaba una formidable amenaza para las ciudades costeras ucranianas y para cualquier vehículo aéreo que quisiera surcar la zona.

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Pero tampoco resultaría inverosímil que hayan sido las fuerzas ucranianas las que hayan logrado hundir el cucero. Según Kiev, aprovechando el desencadenamiento de una tormenta, el ataque combinó una maniobra de distracción con dos drones TB2 Bayraktar, de fabricación turca, con el lanzamiento desde la costa de dos misiles crucero antibuque Neptuno RK-360MT, de fabricación ucraniana. A pesar de su inferioridad en este terreno ya en marzo pasado esas mismas fuerzas lograron hundir el buque multiusos Orsk Project 1171 en el puerto de Berdyansk, precisamente con un misil ruso de corto alcance OTR-21 Tochka. Si finalmente se confirma la autoría ucraniana se trataría de un duro golpe que no solamente refuerza la moral de unas tropas que muy pronto se enfrentarán a una batalla decisiva por el control del Donbás, sino que les permite seguir compitiendo por el uso del espacio aéreo, vital para dificultar el desarrollo de las operaciones terrestres que las tropas rusas van a desencadenar en su desesperado intento de lograr un objetivo que, como muestra Mariúpol, se les sigue resistiendo.

En todo caso -incluyendo otros recientes apuntes positivos para Kiev, como la captura del oligarca prorruso Viktor Medvedchuk (que ahora puede intercambiar por un número indeterminado de prisioneros en manos de Moscú)-, el anuncio estadounidense de un nuevo envío de material militar que incluye helicópteros rusos Mi-17, o la operación especial llevada a cabo por miembros de la 36 Brigada de Marines y del controvertido regimiento Azov en la asediada ciudad de Mariúpol-, Ucrania sigue estando en inferioridad. Una inferioridad que solo puede modificarse si finalmente los países occidentales que se alinean con Kiev terminan por entender que lo que se decide en estos días es mucho más que la existencia de Ucrania como Estado soberano y que afecta muy directamente a la seguridad de todos los países europeos. El desplante al presidente alemán por parte de Kiev es una clara señal de que no todos lo entienden así todavía.