Artículo de Rosa Paz Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Feijóo, un alivio para la derecha

El nuevo presidente del PP no es Bambi y será, sin duda alguna, inclemente con Sánchez. Pero con buen rollito

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Pedro Sanchez y Alberto Nuñez Feijóo, antes de la reunión que mantuvieron en el Palacio de la Moncloa.

Pedro Sanchez y Alberto Nuñez Feijóo, antes de la reunión que mantuvieron en el Palacio de la Moncloa. / David Castro

Más allá de lo que muestran los primeros sondeos realizados tras el relevo en el liderazgo del PP, que marcan un ascenso en su expectativa de voto, se podría decir que el verdadero ‘efecto Feijóo’ es el de actuar como un bálsamo en la polarizada política española. Con un tono mucho más moderado y su aspecto de hombre experimentado en los lances del poder, el nuevo presidente del PP parece haber venido a cambiar la bronca por un debate más sosegado. No hay, sin embargo, que hacerse todavía ilusiones, porque podría ser también que esa sensación de calma que se produce cuando se huye de las hipérboles, y Alberto Núñez Feijóo lo hace, sea un simple espejismo, una tregua corta, que dure lo que tarde el nuevo presidente popular en hacerse con las riendas del partido y con los usos de Madrid, malhadadamente más dados al enfrentamiento que a la concertación. De hecho, lo que Feijóo ha conseguido en una semana al frente del PP es aliviar a la derecha moderada, que con el gallego al frente ve más fácil desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa.

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Esa derecha, no obstante, le pone límites a Feijóo. No tantos como su contraparte madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que parece confundir buena educación con tibieza y le advierte que “si no somos una oposición real al desastre (Sánchez) nos iremos todos por el barranco”. No, los otros, entre ellos algunos medios de comunicación, pretenden marcarle qué puede pactar y qué no, algo que él ya sabe de antemano como demostró el jueves tras su entrevista con el presidente del Gobierno. Feijóo no es Bambi y será, sin duda alguna, inclemente con Sánchez. Pero con buen rollito. Así que levantará el veto a la renovación del CGPJ, cuya paralización es un escándalo democrático. Pero no, no piensa darle árnica en política económica porque sabe que ese es el asunto que desespera a los ciudadanos, empobrecidos de golpe por la fuerte subida de los precios, y, por tanto, el caldo de cultivo ideal para atraer el voto de los indignados. Vox también lo sabe y ahí competirán. Feijóo presentó medidas alternativas para mostrar que tiene proyecto. Las plantea como un trágala al Gobierno, ‘te apoyo, pero si haces lo que yo digo’, aunque vende que es el presidente el inmovilista. Visto así, Feijóo es más peligroso para Sánchez que Pablo Casado.

Pero también esta semana le han aparecido al líder del PP todos los marrones que deberá afrontar. Los casos de corrupción heredados, con la tercera condena al PP por beneficiarse de la trama Gürtel, y algunos nuevos como el de “los pillos”, dijo él, de las mascarillas del Ayuntamiento de Madrid. Y lo más grave, la extrema derecha, cuya sombra le persigue. Este lunes es la investidura de Fernández Mañueco en Castilla y León y formará el primer gobierno de coalición con Vox. Feijóo en la ‘SER’ no les hizo ascos a esos pactos. Sabe que, de momento, la única posibilidad de gobernar en España le vendrá de la mano de Santiago Abascal. Así que nadie se engañe, no habrá cordones sanitarios. Feijóo es un alivio, sí, pero para la derecha.