Entre el blanco y el negro, la esperanza
Hemos defenestrado la duda, el derecho a cambiar de parecer e incluso el derecho a no tener opinión

Byung-Chul Han, en el CCCB de Barcelona, en 2018.
El verbo ‘dudar’ deriva de la palabra latina ‘dubitare’, que a su vez se deriva de la palabra ‘dúo’, que significa dos. Porque representa que dudamos entre dos cosas, entre dos decisiones, entre dos posicionamientos. Y hoy más que nunca, claro. Todo es blanco o negro, o estás conmigo o contra mí. Cada día nos movemos entre dos polos opuestos y, en estos tiempos de redes sociales (o de la infocracia, que diría Byung-Chul Han), debemos ir dando saltos de un lado a otro. No paseos, no: saltos. Todo lo que queda en medio es tierra quemada, una especie de territorio que parece que no habita a nadie porque es un símbolo de derrota.
Tengo la sensación de que hemos defenestrado la duda, el derecho a cambiar de parecer e incluso el derecho a no tener opinión. La sensación de que solo contraponemos ideas y conceptos y nunca los consideramos complementarios por miedo a erosionar nuestras creencias y principios absolutos. Como si estos fueran sagrados, como si hiciéramos ver que el sistema en el que vivimos no afecta a nuestras visiones y no fuese a la velocidad que va. Como si pudiéramos mantenernos solo a un lado del polo y no hacer ningún paso para atravesar el camino que le separa del otro. Como si los matices no importaran y fueran indignos o, si se quiere, dignos de ser ignorados.
La esperanza quizá esté, precisamente, en el camino entre estos blancos y negros con los que nos acribillan día sí, día también. Y no estoy defendiendo las posturas neutrales o equidistantes, si es que se me está entendiendo así, estoy defendiendo la transigencia como práctica transformadora cuando el objetivo vale la pena. Las personas que intentamos –con mayor o menor éxito– pasear entre los dos polos de ciertas discusiones estamos como dislocadas, viendo cómo pocas personas ocupan el lugar de muchas y van llenando de humo espeso el imaginario sobre muchos temas. Quizá la cuestión es reivindicar más los matices, como hace Vivian Gornick en ‘Cuentas pendientes’ (la otra editorial, 2021), y ser más benevolentes entre nosotros y no tanto con el poder, al que le permitimos cualquier cosa.
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