La campaña militar (14) | Artículo de Jesús A. Núñez Villaverde Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Ucrania: guerra larga, guerra corta

No cabe descartar que Moscú termine optando por el uso de armas de destrucción masiva, químicas y/o nucleares, para acortar la guerra y doblegar finalmente a los ucranianos

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Ucrania: guerra larga, guerra corta

Los últimos movimientos de las fuerzas que actualmente se enfrentan en Ucrania dan a entender que, sin descartar una nueva ofensiva rusa sobre la capital o la reiteración de ataques rusos sobre Odesa, el esfuerzo principal de las operaciones se concentrará a partir de ahora en el Donbás. Con esa previsión en mente cabe plantearse si nos dirigimos hacia una guerra larga, de desgaste, con posiciones más o menos fijas, en la que ninguno de los contendientes esté en condiciones de lograr resultados definitivos; o si, por el contrario, vamos hacia una guerra corta, en la que alguno de ellos consiga una ventaja resolutiva que le permita alcanzar de inmediato sus objetivos.

La hipótesis de una guerra corta, una vez comprobado que el plan inicial de Vladimir Putin se ha saldado con un fracaso estrepitoso, puede materializarse por dos vías. La primera vendría por la rendición total de Volodímir Zelenski, entendiendo que sus fuerzas no van a lograr en ningún caso expulsar a las rusas de su territorio, dadas sus propias limitaciones y la falta de voluntad de sus aliados externos para entregarle el armamento que viene solicitando desesperadamente desde el principio de la invasión rusa. Nada indica que algo así vaya a ocurrir, tanto por la enorme dificultad que tendría Zelenski para explicar esa decisión a una población que está soportando el castigo con una entereza y capacidad de resistencia encomiables a pesar del castigo sufrido, como por la constatación de que sus tropas han desbaratado los planes rusos e incluso hacen retroceder a sus enemigos en algunos frentes.

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La segunda, tanto o más inquietante, sería el resultado de una escalada rusa en toda regla, echando mano no solo de su innegable superioridad en recursos humanos y materiales para inclinar definitivamente la balanza a su favor aplastando indiscriminadamente cualquier resistencia, de modo similar a lo que ya ha realizado en Bucha y otras localidades. Es cierto que, hasta ahora, el rendimiento de sus tropas en el campo de batalla no está a la altura de lo que se le suponía a un ejército como el ruso. También lo es que las considerables bajas sufridas no permiten suponer que las unidades que se han retirado de la zona de Kiev vayan a estar en condiciones de sumarse a nuevas operaciones en el Donbás. Tampoco los nuevos reclutas que ahora se están incorporando a sus unidades resultan un aporte sustancial en términos de capacidad de combate a corto plazo. Pero, por encima de esos factores limitantes, no cabe descartar que Moscú termine optando por el uso de armas de destrucción masiva, químicas y/o nucleares, para acortar la guerra y doblegar finalmente a los ucranianos.

Frente a esas dos posibilidades lo más probable es que la guerra entre en una nueva fase, en cuanto Rusia consiga acumular más unidades en el frente oriental de Ucrania para poder realizar una operación de ataque sistemático en dos ejes, uno que avance directamente hacia el oeste hasta la altura de Dnipro (a unos 430km de la frontera rusa) y otro en tenaza hacia esa misma ciudad que, desde el norte y el sur, procure encerrar en una bolsa a las tropas ucranianas desplegadas en el Donbás. Y pensando precisamente en ese escenario, visto desde la óptica ucraniana, se entiende la urgencia e insistencia de las peticiones de Kiev para contar con más y mejores armas, en su afán por contener la ofensiva que Putin va a ordenar en un intento desesperado por dominar la totalidad de la región y así poder cantar algo parecido a una victoria.