La campaña militar (10) | Artículo de Jesús A. Núñez Villaverde Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El factor humano en la guerra de Ucrania

A diferencia de la escasa moral de los soldados rusos, las fuerzas armadas ucranianas están mostrando una férrea voluntad de combate

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Soldados ucranianos inspeccionan vehículos militares rusos destruidos, cerca de la ciudad de Trostianets, en la región ucraniana de Sumy.

Soldados ucranianos inspeccionan vehículos militares rusos destruidos, cerca de la ciudad de Trostianets, en la región ucraniana de Sumy. / REUTERS / FUERZAS DE TIERRA DE UCRANIA

La voluntad de vencer, junto con la libertad de acción y la capacidad de ejecución, es uno de los tres principios fundamentales del arte de la guerra. Sin ella, de poco valen los medios disponibles, incluyendo el presupuesto dedicado a la defensa, la base industrial y los sistemas de combate con los que estén equipadas las fuerzas armadas. Se trata de un factor imposible de cuantificar y en el que juega un papel fundamental el componente psicológico, el inconsciente colectivo que comparten los miembros de una comunidad nacional en la defensa de su identidad y, por supuesto, la historia y los valores que la han conformado. En el caso de la guerra en Ucrania, parece claro que dicha voluntad está mucho más presente en el bando ucraniano que en el ruso.

Por mucho que Vladímir Putin se haya empeñado en querer demostrar que no existe una identidad ucraniana distinta a la rusa, nada indica que los soldados que está empleando en la invasión de su vecino actúen con el convencimiento necesario para imponerse. Muchos de ellos creían estar realizando unas maniobras militares en el distrito occidental de Rusia y en Bielorrusia, y se han visto sumidos en un conflicto real contra personas que les hablan en su mismo idioma y que les hacen cuestionar su propia actuación. Otros -hasta un 30% según distintas fuentes occidentales, después de que Moscú negara inicialmente su presencia- son soldados de reemplazo obligatorio, mucho más interesados en contar los días que faltaban para su licenciamiento (el 1 de abril) que en verse envueltos en una guerra que, encima, está yendo tan mal para Moscú.

Unos y otros, en su mayoría sin previa experiencia de combate, sufren diarias penurias derivadas de una pésima planificación estratégica y ejecución táctica, tanto en su alimentación como en sus condiciones de vida en un escenario invernal para el que su equipo tampoco está preparado. Y aunque no puedan manejar información fiable sobre la cantidad de bajas que están sufriendo, saben por propia experiencia que la cifra es desorbitada. De todo se deriva una escasa moral de combate que, en parte, explica el alto número de altos mandos militares muertos en el primer escalón del despliegue ruso (siete en apenas un mes de operaciones), forzados a exponerse a ese riesgo para lograr que se cumplan sus órdenes e intentar insuflar moral a unos mandos y unas tropas escasamente motivadas.

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Por su parte, y en claro contraste con su actitud tras la anexión rusa de Crimea, en 2014, las fuerzas armadas ucranianas están mostrando una férrea voluntad de combate. La brutal ofensiva rusa y, para sorpresa generalizada, el ejemplo de Volodímir Zelenski como líder nacional ahora incuestionado, explican en gran medida la situación actual. Evidentemente las fuerzas ucranianas, incluso con el añadido de los batallones ciudadanos de defensa territorial y los efectivos multinacionales de la Legión Internacional, no están condiciones de obtener la victoria y expulsar a las fuerzas invasoras de su territorio; pero con lo hecho hasta ahora ya han desbaratado por completo los planes de Putin. Se defienden a sí mismos y a los suyos y, en definitiva, defienden la existencia de Ucrania como Estado independiente; algo que muchos daban como un sentimiento inexistente o, al menos, débil en un país estructuralmente fragmentado. Y ahora Putin se ha encargado de activarlo.

Quizás algún día ya no será así, y las armas autónomas no necesiten que nadie las anime; pero de momento el factor humano sigue contando. Y mucho.