Artículo de Liliana Arroyo Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Vetos en internet: narrativas silenciadas por conquista digital

A Meta ni le preocupan las partes en conflicto ni las costuras que ello puede crear, ve la oportunidad de aprovechar la confusión para sacar tajada. El conflicto bélico es rentable para la industria armamentística, el narrativo lo es para las redes sociales

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Meta amenaza con llevarse a Facebook e Instagram de Europa.

Meta amenaza con llevarse a Facebook e Instagram de Europa.

Acabamos de pasar el 12 de marzo, Día Mundial contra la Censura en Internet, impulsado por la ONG Reporteros Sin Fronteras desde 2008. Son malos tiempos para la libertad de expresión digital. Siento decepción al mirar atrás y pensar en las primaveras árabes o incluso el 15M. Por un rato, saboreamos un internet que realmente democratizaba los altavoces. El terreno digital es hoy un espacio restringido de batalla desinformativa, donde las conquistas de las realidades mentales se articulan silenciado o potenciando voces. Como apunta Renée DiResta (especialista del Stanford Internet Observatory), una cosa es el derecho a la libertad de expresión, otra bien distinta el derecho a la difusión. Y para muestra, algunos botones del conflicto Rusia-Ucrania.

La atención por las primeras restricciones tomó portadas cuando Europa prohibió Russia Today - uno de los más exitosos en YouTube – y Sputnik, pero la vista hay que ponerla más atrás. Al menos hasta 2012, cuando el Roskomnadzor (servicio federal de telecomunicaciones, tecnologías de la información y medios) inició el registro de URLs prohibidas. Al principio, incluía webs de contenido pornográfico y apuestas. Desde la invasión de febrero, se han añadido más de 5.000 entradas a esa lista, muchas de ellas corresponden a medios ucranianos o webs rusas contrarias a la invasión, como el'marketplace TIU.ru. De hecho, mientras escribo estas líneas, el servidor de TIU.ru no funciona, porque tampoco se puede acceder al site desde España. Se hace evidente que la voluntad es que la población rusa no acceda a las voces del otro lado de la frontera.

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De hecho, ya conocíamos el anhelo de tejer una red propia. En 2019, el Kremlin anunciaba sus pruebas para desconectarse del internet global y desarrollar una red estatal propia y soberana, 'Runet', que recuerda al modelo chino. Está claro que el dominio de las infraestructuras comunicativas pasa por la soberanía tecnológica, pues la dependencia global en este momento resulta frágil. No solo en momentos de conflicto, también en el día a día, cuando la línea de vida digital de la mayor parte del mundo conectado yace en apenas 4 compañías. Es muy probable que en estos momentos se maldigan por no haberlo puesto ya en práctica y aceleren el proceso de emancipación.

Mientras tanto, tenemos al Gobierno ruso limitando el acceso a Facebook y Twitter (desde el 4 de marzo) e Instagram (10 días más tarde), cuando Meta (la empresa de Zuckerberg) anunció que temporalmente alteraba sus políticas de moderación de contenido para permitir los contenidos contrarios a las tropas y el ejército ruso. El comunicado interno, que fue filtrado por la agencia Reuters, indicaba claramente que supone una excepción a las políticas internas contra los discursos del odio. Esa novedad aplica quirúrgicamente a 12 países, a saber: Armenia, Azerbaiyán, Estonia, Georgia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía, Rusia, Eslovaquia y por supuesto Ucrania. Habréis notado que Bielorusia no está, no olvidemos que las negociaciones de 2014 se realizaron en Minsk.

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A ratos, el árbol nos tapa el bosque. La selección de países – para nada arbitraria – no se debe ni a una agenda ideológica ni a una estrategia geopolítica. Probablemente, se han tomado datos de los lugares donde se han censurado más contenidos de este tipo desde que se aplican estas políticas de moderación, para dar rienda suelta a la rabia y así al fluir de las interacciones. A Meta ni le preocupan las partes en conflicto ni las costuras que ello puede crear, ve la oportunidad de aprovechar la confusión para sacar tajada de ello. El conflicto bélico es rentable para la industria armamentística, el narrativo lo es para las redes sociales.

En medio de todo esto, la población procura esquivar las prohibiciones a través de VPNs, que esencialmente permiten usar direcciones IP de servidores externos al país. De acuerdo con TOP10VPN, desde que comenzó la invasión el 24 de febrero y hasta el 10 de marzo, la demanda de VPNs en Rusia se ha incrementado un 753%. En Ucrania, el aumento se detectó a partir del 15 de febrero, cuando comenzaron algunos cortes del servicio causados por ciberataques (sin confirmar el origen), alcanzando el 609% a principios de marzo. Tomemos en serio este activismo digital de emergencia, necesitamos como el aire huir de altavoces silenciados, interesados, con políticas opacas y cambiantes. La conquista digital genera división por omisión, y a los mandos no están ni Putin ni Zelenski.