Artículo de Joan Tardà Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Gobierno y Generalitat: La clave de la bilateralidad

Que el PSOE se resista a aceptar un marco donde puedan sostenerse todas las iniciativas, presiones y contradicciones, tanto las relativas a la mesa de diálogo como las derivadas de una nueva relación entre las dos administraciones, da poco margen al optimismo

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Pere Aragonès y Oriol Junqueras, en una imagen de archivo.

Pere Aragonès y Oriol Junqueras, en una imagen de archivo. / DANNY CAMINAL

De la Conferencia Nacional de Esquerra Republicana celebrada hace unos días en l'Hospitalet salió reforzado el concepto de la bilateralidad. Por un lado, el que procede de la necesidad de invertir todo tipo de esfuerzos en hacer viable una negociación con el Gobierno de Pedro Sánchez con el objetivo de convertir en exitosa la incipiente mesa de diálogo entre el Estado español y Catalunya. Porque, más allá de que supone el reconocimiento de la existencia de un conflicto político, esta plataforma puede convertirse en el instrumento con el cual se pueda dar satisfacción a la voluntad expresada por la ciudadanía catalana de disponer de una solución al conflicto en la que se sienta integrada una gran mayoría de personas. En definitiva, un llamamiento al “queremos que habléis y negociáis” que tiene que evolucionar hacia una demanda secundada por independentistas y no independentistas. Nada tiene por qué negar, pues, que en próximas movilizaciones, las consignas giren alrededor del latido y la evolución de la misma negociación.

En el campo independentista (cuando menos, en el representado por el republicanismo que ha hecho los deberes de repensar el escenario post 1-O) la bilateralidad entre gobiernos en cuanto a la resolución del conflicto se ha convertido en el eje vertebrador de su acción política, al integrar la idea de que dialogar no implica tener que renunciar a ningún objetivo, sino que es en esencia la primera opción a la hora de superar conflictos en sociedades democráticas y de ineludible asunción, si no se dispone de una alternativa mejor.

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Por eso desorientan las dudas y las resistencias del Gobierno español a reconocer el mismo principio de realidad. Efectivamente, el presidente español retarda la convocatoria de una segunda reunión de la mesa de diálogo a fin de ahorrarse tener que presentar “su propuesta” de respuesta a la vehiculada, por parte de la Generalitat, alrededor de la amnistía y el referéndum en el primer encuentro. Y todavía resulta más preocupante que el socialismo haya querido convertir la presencia extraordinaria de Pere Aragonès en la cumbre de presidentes de comunidades autónomas, celebrada el pasado domingo en La Palma, en una rectificación y una renuncia a la bilateralidad propugnada por el independentismo en las relaciones con la administración española. No sirvió de nada que el mismo 'president' Aragonès hubiera dejado claro que se trataba de un hecho singular, provocado por la tragedia de la guerra en Ucrania y que no comportaba un retorno a las relaciones de multilateralidad que preside desde siempre la interlocución entre el gobiernos centrales y los autonómicos. Salvador Illa insistió y miró de sacar provecho felicitando públicamente a Pere Aragonès por haber haber estado presente, después de diez años de ausencias presenciales en una cumbre de este tipo.

En todo caso, más allá de los regates cortos, el hecho es que, coincidiendo en el día y en la hora de la cita canaria, la Conferencia Nacional de Esquerra aprobaba, con la asistencia de casi un millar de afiliados, un documento en que se ratificaba el abandono de la multilateralidad, al atribuírsele la categoría de escenario obsoleto que hay que superar definitivamente y de manera activa. Una praxis, por otra parte, ya iniciada con la no participación de Catalunya en los debates, trabajos y acuerdos que desde hace unos años se han ido desplegando entre Gobierno central y comunidades autónomas en cuanto a la aprobación de un nuevo modelo de financiación, al entender que se trata de una cuestión que hay que resolver desde la estricta bilateralidad.

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Que el PSOE se resista a aceptar la bilateralidad como clave de bóveda donde puedan sostenerse todas las iniciativas, presiones y contradicciones, tanto las relativas a la mesa de diálogo del conflicto político como las derivadas de una nueva relación entre las dos administraciones, da poco margen al optimismo, máxime si se perciben intentos de retrasar, pero también de desvirtuar el objeto de la mesa de diálogo con la incorporación de puntos en el orden del día ajenos a la resolución del conflicto, como por ejemplo el relacionado con la problemática de la lengua catalana, el cual podría ser vehiculado con acuerdos parlamentarios para hacer posible una Ley de Lenguas.

La inacción del PSOE, el no querer convertir la bilateralidad en el cojinete capaz de hacer girar la maquinaria de la negociación España-Catalunya en el conjunto de los ámbitos, no casa con la paradoja que de manera persistente ilustra la demoscopia: el actual Gobierno español depende y dependerá en los próximos años de las fuerzas políticas que aspiran a dejar de pertenecer al Estado español.