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No necesitamos el Ferrari

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Ferran Torres felicitado por Busquets tras anotar de penalti durante el partido de liga entre el FC Barcelona y el Osasuna. 

Ferran Torres felicitado por Busquets tras anotar de penalti durante el partido de liga entre el FC Barcelona y el Osasuna.  / Jordi Cotrina

En ocasiones parece que el único delantero centro disponible en el mercado es Erling Haaland. Entre todos hemos generado una obsesión por el noruego un poco ridícula. Es ciertamente un futbolista potente y diferencial, pero olvidamos rápido que cada ciclo de dos o tres años aparece un jugador que se antoja imprescindible. A ver, no se trata aquí de desmerecer los innumerables méritos del futbolista, sería absurdo, pero sí de desligar cualquier posibilidad de un Barça reluciente a la llegada del punta del Dortmund.

Joan Laporta ha ido calentando las expectativas del fichaje de Haaland y ahora las enfría. Pocos días después de asegurar que el Barça estaría en la puja, algunos más después de sondear precio y disponibilidad con viajes y reuniones, el presidente ve ahora la contratación de una megalomanía que no procede. Aplaudamos el cambio de posición, resoplemos ante los bandazos. 

Utilizó Laporta un argumento escuchado ya para justificar la marcha de Messi, la de no poner en riesgo a la institución. Y ciertamente no acaba de casar dejar partir al rosarino y a la vez imitar al Bartomeu más desprendido. 

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El coste de Haaland, según estima la propia presidencia, ascenderá al menos a 250 millones. Mucho dinero para la gran empresa familiar que quiere Laporta que sea el Barça. Las empresas familiares difícilmente compiten con los clubs Estado, como el City y el PSG. Y uno puede imaginarse al club de Qatar, en cuyo estadio ya se abuchea a Messi (Dios les perdone), dándose un capricho de lujo para aliviar la frustración europea. Los muy, muy ricos son así.

Laporta, que ya cambió de opinión sobre Xavi, no aguó la ilusión sobre Haaland tras los dos goles de Ferran Torres, que al fin encendió sus Fallas particulares. Vino de antes. Ya explicó la semana pasada, de forma inequívoca por lo enfática, que el club baraja más opciones para el ansiado ‘9’. A la empresa familiar habría que pedirle que nos haga soñar, pero no necesitamos tampoco el Ferrari. Realismo.