Extrema derecha Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La hora de las lamentaciones

Fernández Mañueco ha venido a decir que por culpa de la negativa del PSOE a dejarlo gobernaren minoría no ha tenido más remedio que hacerlo

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Juan García-Gallardo (Vox) y Alfonso Fernández Mañueco (PP), durante el acto de constitución de las Cortes de Castilla y León.

Juan García-Gallardo (Vox) y Alfonso Fernández Mañueco (PP), durante el acto de constitución de las Cortes de Castilla y León.

La ultraderecha completará el ciclo institucional en España gracias a su entrada en el gobierno autonómico de Castilla y León sin que el resto de fuerzas políticas hayan sido capaces de alcanzar un pacto a la francesa para impedir tal desastre democrático. Vox entró en los parlamentos de la mano de los electores, y, por los intereses del PP, se ha integrado en la gobernación. Primero como socio externo en Andalucía, Madrid y Murcia, y finalmente se ha consumado el desatino con su participación directa en la Junta castellano leonesa que presidirá Alfonso Fernández Mañueco.  

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Y ahora es el turno de las lamentaciones. Donald Tusk, presidente del PPE, ha expresado su descontento por la actitud de sus correligionarios españoles, esperando que se trate solo de “un accidente”, que en su voluntad de relativizar el error, atribuyó a la “coyuntura”. En el mismo acto, el promotor de la coyuntura (un adelantamiento electoral fallido), el defenestrado Pablo Casado, tuvo la desfachatez de reprochar a su partido el permitir la entrada de la ultraderecha en el gobierno. Fernández Mañueco ha venido a decir que por culpa de la negativa del PSOE a dejarlo gobernaren minoría no ha tenido más remedio que hacerlo, para disfrutar de un gobierno sólido y estable.

Ciertamente, el PSOE podía haber evitado esta victoria de VOX. Podía haber dejado gobernar al PP en minoría o incluso formar una coalición con los populares alegando precisamente la derrota que para los demócratas supone el éxito del partido de Abascal. Se entiende que las dos opciones implicaban para los socialistas una renuncia a buscar un eventual beneficio político de la colaboración PP-VOX y el riesgo de pagar un precio por abrir las puertas al ensayo de la gran coalición, habitual en algunos países europeos, pero todavía un tabú en España. Es fácil aventurar que Unidas Podemos habría explotado sin misericordia este pacto por activa o por pasiva de PSOE y PP. Aunque el PP seguramente no habría aceptado por miedo a VOX, nadie está libre de culpa para lanzar demasiadas piedras.