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Teletrabajo pospandemia

Pasada la pandemia, si se puede hacer tal afirmación, parece claro que el trabajo a distancia se considera un beneficio para las personas trabajadoras, pero existen dudas sobre los beneficios que aporta a las empresas

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Un hombre teletrabaja en la cocina de su domicilio en Madrid.

Un hombre teletrabaja en la cocina de su domicilio en Madrid. / Europa Press / Eduardo Parra

Todo apunta a que pronto volveremos a vernos las caras en el trabajo, la sonrisa al descubierto, en tres dimensiones y, si no hay teletrabajo, que los encuentros volverán a ser diarios. ¿Nos interesa? Veamos qué se ha cocido durante la pandemia. En julio de 2021 se aprobó la ley que regulaba el trabajo a distancia, a raíz de la imperiosa necesidad de ordenar una práctica que se instauró de manera forzosa y sin preparación previa a millones de personas. En ese primer momento, el teletrabajo benefició tanto a trabajadores como a empresas y fue la única forma de que no se paralizara la actividad económica. Una vez pasada la pandemia, si se puede hacer tal afirmación, parece claro que el teletrabajo se considera un beneficio para las personas trabajadoras, pero existen dudas sobre los beneficios que aporta a las empresas

Una encuesta realizada por la Cámara de España a 400 pequeñas y medianas empresas muestra que la aplicación de esta ley está teniendo un seguimiento desigual entre las mismas, y la variable que mejor explica estas diferencias es el tamaño de dichas empresas que, a su vez, está ligado con la fuerza de sus representaciones sindicales. Según esta encuesta, la mitad de las pymes no conocen la ley y, las que lo conocen, no han visto ninguna ventaja muy significativa respecto a su productividad o ahorro en costes. El hecho de que el teletrabajo se haya convertido en una variable importante de la negociación de convenios colectivos es una muestra de que no existe el mismo valor por parte de la empresa que de las personas trabajadoras.

Por un lado, constatamos los beneficios para las personas trabajadoras: ahorro en el coste de los desplazamientos, que está en alza con el incremento de precio del carburante; ahorro del tiempo de los desplazamientos, que facilita la conciliación con otras actividades; y también el ahorro de otros costes, tales como la necesidad de atuendos laborales (todos hemos comprobado como la videoconferencia es más relajada con la etiqueta), por no hablar del ahorro en los menús o en los desayunos de media mañana. Todo este paquete de beneficios concluye en que el deseo medio de teletrabajo se sitúe en tres días a la semana, y en el caso que se concedan solamente dos, pues que sean lunes y viernes.

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Por otro lado, las empresas deben asegurar que las personas puedan trabajar desde casa. Esto requiere de una inversión en ordenadores portátiles. Entre los beneficios inmediatos estaría el ahorro en los suministros y en la limpieza de las oficinas. Es un ahorro pequeño. El beneficio potencial existe más a medio y largo plazo, cuando el ahorro puede derivarse de un uso más racional de los espacios de oficina, con ahorros en alquileres o en el mantenimiento de espacios, pero los cambios en las infraestructuras son más lentos. Otro beneficio, potencialmente enorme, es el acceso a talento que no sea local.

Los aspectos estructurales que nos envuelven influyen en el capital social de las empresas, la innovación y la creatividad

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Según la encuesta de la Cámara, las empresas afirman que, a pesar de que no han visto reducida su productividad, no quieren mantener el teletrabajo, o desean mantenerlo dentro de unos límites. Suena paradójico que no se quiera dar carta blanca a una práctica que genera mucha satisfacción en las personas trabajadoras y que, aparentemente, no supone grandes inconvenientes para las empresas. La razón de fondo es que la pérdida que perciben las empresas es de carácter intangible. Más allá de la productividad, deberíamos preguntarnos: ¿cómo funcionan los equipos?, ¿qué pasa con la creatividad y la innovación?, ¿qué pasa con los conflictos laborales? Es decir, ¿qué pasa con el capital social de la empresa? 

Una de las variables que influye en crear o destruir capital social son, sin duda, los aspectos estructurales que nos envuelven y que influencian nuestro día a día sin darnos cuenta: la distribución de los despachos, el uso de escaleras, la existencia (o no) de un espacio para comer… algunos recordaremos la serie de humor 'Cámera Café', que ilustraba conversaciones informales alrededor de la máquina de café en el lugar de trabajo. Existen ejemplos históricos de estructuras de éxito, el edificio de los laboratorios Bell Labs, situado en Murray Hill, New Jersey, era conocido por tener un largo e ineludible pasillo que fomentaba continuamente encuentros fortuitos entre personas de diferentes perfiles, que en otro espacio no hubieran coincidido. El resultado fue medio siglo de liderazgo en innovación y 9 premios Nobel. La serendipia se pierde desde casa.

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