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La guerra de la crema de los niños de Aznar

No parece que los argumentos utilizados por Teodoro García Egea puedan conducir a otro lugar que a la ruptura total, un movimiento quizá suicida

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Isabel Diaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid durante la declaración institucional .

Isabel Diaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid durante la declaración institucional . / David Castro

Como el chiste del escorpión, les traiciona su carácter. No es que de pronto el PP se haya vuelto refractario a los contratos ilegales, irregulares, a las mordidas. No, si no fuera porque se han desencadenado las hostilidades entre las dos facciones del PP, jamás nos hubiéramos enterado de esta corrupción, una más, o nos la hubieran ocultado o, en su caso, afinado.

La guerra de los hijos de Aznar no tiene parangón con otras guerras de la derecha española. En este caso, el detonante ha sido las elecciones de Castilla y León. Un fracaso de Pablo Casado que todo el mundo reconoce de puertas para dentro, una trampa para el futuro del PP que complica el objetivo propio, pero previamente las elecciones andaluzas de Moreno Bonilla.

El poder, llamémoslo así, sabía que sería el toque de cornetín del asalto de Isabel Díaz Ayuso al poder. La respuesta orgánica era esta, sacar mierda que hundiera a la aspirante. La guerra ha comenzado con el objetivo de que quede uno; ignoran, o no quieren saber, que puede que no quede ninguno.

Porque sin olvidar la corrupción que fundamenta la guerra del PP, que no han llevado a la fiscalía, lo que asusta es que un partido que se denomina de Estado utilice en sus procesos sucesorios procedimientos tan mafiosos, ya sabidos desde tiempo, pero sospechados desde el caso Cifuentes.

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La guerra es total, no parece que los argumentos utilizados por Teodoro García Egea puedan conducir a otro lugar que a la ruptura total, un movimiento quizá suicida. A esto se suma la difícil salida de las elecciones en Castilla y León que pueden acabar con la entrada de Vox en el Gobierno y, por consiguiente, dar con la derecha convencional española en el club de la extrema derecha europea.

Nuñez Feijóo ha pasado a la ofensiva frente al aparato, sabe lo que es que te aparten de la carrera política con dosieres y amenazas; otro barón postinero, Moreno Bonilla, guarda un silencio escapista. Una ruina para la derecha española.