Análisis

Dejen en paz a Eric Garcia

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Eric García, en un entrenamiento del Barça en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí.

Eric García, en un entrenamiento del Barça en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí. / FCBARCELONA

Mientras el Real Madrid y su entorno, con esa fanfarronería rayana en el delirio que ha caracterizado toda su historia, vuelven a convertir una derrota en una gran victoria con el pintoresco argumento de que el talentoso Mbappé debe ser considerado un jugador de su equipo, el barcelonismo, siempre haciendo equilibrios en la fina línea de cal que separa la melancolía de la pulsión suicida, prefiere ocupar el tiempo flagelándose con una rama de abedul y, más lamentable aún, arrojando a la pira a sus propios futbolistas.

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La última víctima de esa penosa tradición ha sido Eric Garcia Martret. El joven central de Martorell tuvo el domingo una noche para olvidar en el RCDE Stadium, donde un error suyo propició el segundo gol del Espanyol. Su partido fue malo y no tendría sentido pretender otra cosa. Pero eso no puede justificar la catarata de señalamientos y ataques, muchos de ellos de gusto dudoso, de los que ha Eric ha sido objeto en los últimos días. ¿Qué clase de vida hay que tener para sentir la necesidad de vomitar toda esa inquina y esa rabia sobre un chaval de 21 años (recién cumplidos) que llegó al club sin costar un euro y que el otro día volvía a jugar después de una ausencia de cinco semanas por lesión?

Habrá que recordar que, justo antes de averiarse, Eric había encadenado cinco partidos como titular en los que se había consolidado como un central clarividente en la salida del balón que compensaba su falta de contundencia y su escasa corpulencia con encomiable aplicación y una atenta lectura del juego. Es posible que sea un futbolista diésel, al que le cuesta recuperar la forma, y, desde luego, no será nunca, por temperamento y formación, un defensa populista de esos que camuflan sus errores encendiendo al Camp Nou con 'tackles' peligrosos y carreras sin mucho sentido, pero una mala noche no hará que en esta columna dejemos de ponderar sus singulares virtudes y, sobre todo, su prometedor futuro. Y de aconsejar a sus iracundos detractores que repasen el vídeo del partido entre España y Francia en la final de la Liga de Naciones y vean cómo se comportó aquel día el chico ante el presuntamente imparable Mbappé .