Freno a la ultraderecha Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Ese es el camino

Hay demasiado en juego para que PP y PSOE no intenten evitar la entrada de Vox en el Gobierno de Castilla y León siguiendo la tradición que reina en Europa

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Ejecutivo en el Senado, este 15 de febrero de 2022.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Ejecutivo en el Senado, este 15 de febrero de 2022. / DAVID CASTRO

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, abrió este martes una posibilidad, remota en este momento, para que el PSOE permita la investidura del candidato del PP en Castilla y León y evitar así que Vox entre en el Ejecutivo de esta comunidad. Para que este resquicio de sentido común se abra paso se tienen que hacer efectivas condiciones que por ahora se antojan imposibles, pero que están ahí. La política es el arte de lo posible, no de lo previsible. En primer lugar, hay que ver si Vox se mantiene firme en su posición de salida que no contempla ningún apoyo a Alfonso Fernández Mañueco que no pase por la entrada de los de Abascal en el gobierno. Veremos si, con el paso de los días, esa postura resulta soportable para los electores del partido, claramente contrarios a cualquier fórmula de acuerdo que no pase por el PP. En segundo lugar, el PP debería dejar de blanquear a Vox y de apoyarse en sus votos en diversas comunidades autónomas, empezando por Madrid. Es lógico que los sacrificios para parar a la ultraderecha sean compartidos, esa es la tradición que reina en Europa. Y en tercer lugar. Fernández Mañueco debería pedirlo y aceptar una negociación con el PSOE, al menos sobre el plazo de la legislatura que se pretende poner en marcha.

España no se merece que PP y PSOE, como mínimo, no exploren este camino. Hay demasiado en juego para no intentarlo. ¿Quiere Pablo Casado quedar alineado con esa "internacional de lo excéntrico" en la que, acertadamente, ha colocado a Vox? ¿Quiere estar en la UE ligado a Hungría y Polonia, dos estados al borde de la expulsión? Y lo mismo sirve para Pedro Sánchez. ¿Pretende presidir Europa con el lastre de tener una, o varias en el futuro, comunidades autónomas gobernadas por un partido machista, xenófobo y homófobo? España no se lo merece y Castilla y León tampoco. Vox es una línea roja. Y gobernar con esa formación no es traspasarla sino directamente blanquear sus ideas con una condescendencia que no se produce en ningún país de la Unión.

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La irrupción de Vox en un Gobierno autonómico no solo es mala en términos de defensa de los derechos civiles y de la igualdad, que lo es. También lo es en términos económicos. Vox es un artefacto fuera del consenso social europeo, proteccionista cuando le conviene, liberal cuando le interesa y vinculado a una tradición en nada amable con la transformación económica y social. Patronales y sindicatos, como harían en otros países europeos, deberían alzar la voz contra esta fórmula de gobierno que amenaza el modelo del Estado social y democrático de derecho. Algunos ingenuos, que beben en las fuentes oficiales sin tener pensamiento propio, argumentan que, para Vox, gobernar puede ser un antídoto contra el extremismo. La historia europea, desgraciadamente, demuestra lo contrario, aunque las circunstancias en este caso sean muy diferentes. La mejor manera desmovilizar a los electores de Vox es convertirlo en un partido irrelevante, al que no sirva de nada votar porque en ninguna circunstancia llega al poder. Y, evidentemente, ocuparse de los problemas que sacuden la vida diaria de sus electores, hartos justamente de que el partidismo convierta en imposible las soluciones razonables. El camino es el que ha señalado Sánchez aunque sea con la intención de no recorrerlo. El PP puede optar por ignorarlo y seguir a la suya. O puede devolverle el envite hasta llegar a comportarse ambos de una manera razonable, europea. España no se merece otra cosa. Y los españoles tampoco.