Opinión

La Francia ultra

A dos meses de la primera vuelta de las presidenciales en Francia la guerra fratricida que enfrenta a los dos radicales de derechas se ha instalado en el centro del debate

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Eric Zemmour y Marine Le Pen

Eric Zemmour y Marine Le Pen

A dos meses de la primera vuelta de las presidenciales en Francia la guerra fratricida que enfrenta a los dos radicales de derechas, Marine Le Pen y Eric Zemmour, se ha instalado en el centro del debate. La duda es si esta división profunda entre candidatos que buscan el mismo voto va a suponer un revulsivo para lanzar las posibilidades de la extrema derecha de alcanzar el Elíseo, o por el contrario acabará con la ilusión de los mas radicales en un voto dividido.

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Se va a hacer larga la campaña. Por ahora la batalla entre egos arroja un tono cada vez peor pero escasa diferencia en los programas. Antiinmigración, antieuropeístas, contrarios a cualquier avance en igualdad y diversidad, el Reagrupamiento Nacional de Le Pen y La Reconquista de Zemmour son plataformas igual de radicales y ultranacionalistas. Según la líder histórica de la extrema derecha, su rival quiere volver a la aldea gala de Asterix, mientras que ella quiere recuperar la grandeza de Francia. El problema es que entre uno y otro están empapando el discurso radical en toda la agenda política. Es evidente que ambos buscan pequeños matices entre su clientela habitual, pero el ascenso, que ha provocado que haya no uno, sino dos candidatos con posibilidades de disputar la presidencia se justifican por los descontentos que históricamente votaban a partidos de izquierda comunista o socialista, hoy prácticamente marginales en las encuestas.

Es pronto para saber si definitivamente se anularán entre ellos dejando en la ronda final junto al presidente Macron a la candidata conservadora Valerie Pecresse. En todo caso lo que ya podemos constatar es que han anulado a la izquierda, les han ganado el discurso. Un avance de lo que puede pasar por toda Europa. Con una narrativa simple, con muchas sombras, insultos y medias verdades, su proyecto no solo no se percibe peligroso, se ha convertido en un horizonte para quienes ven en una Francia ultra, la respuesta a las amenazas que, para ellos, siempre vienen de fuera.

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