Igualdad Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Las mujeres científicas, las más invisibles de las mujeres, serán protagonistas durante unos días en torno al 11 de febrero

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Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2016 con el fin de lograr la participación plena y equitativa de mujeres y niñas en la ciencia.

Aunque ha tenido solo seis ediciones, su repercusión es enorme, especialmente en España, país felicitado por la ONU en 2019 por organizar más de tres mil actos relacionados con la mujer y la ciencia. Por ello, en 2022 no hay medio de comunicación o institución pública o privada que deje de sumarse a esta celebración, tenga o no relación con la ciencia y la igualdad de género. Las mujeres científicas, las más invisibles de las mujeres, serán protagonistas durante unos días en torno al 11 de febrero. 

A pesar de la repercusión de esta celebración, es poco conocido que la idea de la misma fue de una científica iraquí, la princesa Nisreen El-Hashemite, doctorada en ciencias biomédicas en la Universidad de Londres y miembro de la escuela de medicina de la Universidad de Harvard. Su objetivo era celebrar los logros de las mujeres, los conocidos y los desconocidos, los recordados y los olvidados, porque todos prepararon el camino para las que hacemos ciencia hoy. No obstante, el alcance de esta efeméride ha ido más allá de este propósito, dado que está sirviendo, además, para sacar a la luz las dificultades de las científicas para desarrollar su trabajo. Entre otras cosas, ha ayudado a poner de manifiesto el papel crucial de las investigadoras en la lucha contra el covid-19, desde el conocimiento del virus hasta el desarrollo de las vacunas contra el mismo; en este campo cabe destacar el trabajo de la investigadora húngara-norteamericana Katalin Karicó en las vacunas de ARN-mensajero, por el cual le otorgaron el Premio Princesa de Asturias 2021. Pero también ha servido para mostrar las dificultades de las científicas para desarrollar su trabajo, a causa de las cuales la pandemia ha tenido un impacto mucho más negativo en sus carreras que en las de sus colegas varones.

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A pesar de todos los hechos que muestran la importancia de apoyar las vocaciones científicas de las mujeres, hay quien cuestiona la necesidad de la celebración de este día. A estas personas les pediría que revisaran la historia en la que se pueden encontrar páginas dedicadas a denigrar a las mujeres escritas por las mentes más brillantes de todas las épocas, masculinas por supuesto. Es relativamente conocida la consideración del filósofo griego Aristóteles (s IV aC) de las mujeres como varones imperfectos incapaces de pensar, o la afirmación del alemán Arthur Schopenhauer (s XIX) de la mujer como un animal de cabellos largos y miras cortas. Es menos conocida la apreciación del médico y filósofo español Gregorio Marañón (s XX) de que las mujeres, cuyo fin único según él era la maternidad, que realizaban creaciones artísticas o científicas tenían una gran componente masculina.

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Cuando pensaba que ninguna opinión misógina podría sorprenderme, he quedado impactada por el odio a las mujeres recogido en los extensos trabajos de monjes de la Edad Media, como Bernad de Morlay, que afirmaban que la mujer es abismo de sexualidad, instrumento del averno, boca de los vicios. Estas opiniones no tendrían mayor trascendencia si no fuera porque los hombres que pensaban de esta manera han gobernado el mundo y, por ejemplo, impidieron a las mujeres el ingreso en las universidades, puerta de acceso a la ciencia, hasta el siglo XX. Para compensar solo las agresiones intelectuales sufridas por las mujeres a lo largo de milenios, haría falta dedicarles todos los días del año. 

No obstante, la necesidad de alentar y promover las vocaciones científicas entre las mujeres es, sobre todo, una cuestión de necesidad. La superación de los importantes retos médicos, sociológicos, energéticos y alimenticios a los que se enfrenta la humanidad, no será posible sin el concurso de la ciencia y no nos podemos permitir el lujo de desperdiciar la mitad del talento: el mundo necesita la ciencia, y la ciencia no puede avanzar sin las mujeres.