Ficción Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El futuro va muy rápido

Hemos aprendido a convivir con los vaivenes de la pandemia, hasta el punto de que nos parecen cotidianos gestos que no lo eran: la mascarilla, el gel, el test de antígenos

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Imagen del episodio final de ’Estación Once’.

Imagen del episodio final de ’Estación Once’. / HBO Max

Mañana hará dos años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró “la emergencia sanitaria de preocupación internacional” por el coronavirus, y solo 25 días más tarde ya se detectó el primer caso en Catalunya. Ahora nos parece imposible que entonces, sin tanta información, pensáramos que eso era cosa de quince días, un mes si eras pesimista. En estos dos años hemos aprendido, para bien o para mal, a convivir con los vaivenes de la pandemia, hasta el punto de que nos parecen cotidianos gestos que no lo eran: la mascarilla, el gel, el test de antígenos. Con la misma naturalidad, diría, hemos aceptado la posibilidad de un futuro más negro y apocalíptico, seguramente también porque las señales que nos da el presente—la emergencia climática, la desigualdad económica, el autoritarismo político— nos activan la imaginación.

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En 2006, cuando leí 'La carretera', de Cormac McCarthy —y luego con la adaptación al cine— me pareció brutal y verosímil, pero alejada en el tiempo. Si hoy la leyera de nuevo, quizás resultaría más cercana. La pandemia ha provocado una inflación de obras distópicas. En algunos casos se nota el oportunismo, en otros existe una voluntad de entender el momento y explorar el alma humana en tiempos difíciles. Me doy cuenta de que la distopía me resulta más inquietante —más realista— cuando no aparecen robots ni androides que nos alejen del presente, cuando uno diría que todo puede ocurrir mañana mismo. Hay dos miniseries recientes de HBO que me transmiten esa sensación de peligro latente: 'Years and Years,' la comedia dramática de Russell T. Davies que juega con la amenaza de una guerra nuclear, y sobre todo 'Station Eleven', que fabula sobre la supervivencia en el mundo durante y después de una catástrofe vírica.

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En este caso, 'Station Eleven' adapta una novela de Emily St. John Mandel, publicada en 2014, y las conexiones del azar, añadidas al paso del tiempo —20 años rehaciendo el mundo—, combinan el dolor de la pérdida y cierta esperanza en los humanos. Pero quizá lo que más me admira (y,a la vez, me perturba) es que, viéndola, uno tiene la sensación de que el futuro va más rápido que nunca.