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Un FMI con niebla

En 2021 España creció por debajo de lo previsto por el Gobierno y de la media de la zona euro, pero puede rebotar en el año en curso

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La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en una imagen de archivo.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en una imagen de archivo. / AFP / NICHOLAS KAMM

Menos entusiasmo, optimismo a la baja sobre el crecimiento y bastante voluntarismo respecto a la inflación. Eso es lo que extraigo de las últimas previsiones económicas mundiales del FMI. Ya se dijo que el economista es quien sabe prever mejor el futuro, pero cuando ya ha pasado. Ahora, tras los maremotos de la crisis de 2008 y la pandemia de ciencia ficción de 2020, es lógico que el FMI -especie de sumo sacerdote colectivo de los macroeconomistas- ande con pies de plomo. Pero a los economistas -no a los gurús que se forran predicando catástrofes- no les pagan para ser cenizos, sino analistas responsables. 

El FMI cumple. Como ya dijo el viernes su directora gerente Kristalina Georgieva, la economía mundial va a seguir creciendo en el 2022 pero va a tener que salvar una continua carrera de obstáculos: ómicron, dificultad de suministros, inflación alta y más persistente de lo previsto, tensiones geopolíticas que pueden sacudir todo… Consecuencia: la economía mundial continuará creciendo, pero menos que en el 2021 (4,4% frente a 5,9%) y menos de lo previsto por el propio FMI hace poco (4,9%). 

En el mundo pasan tantas cosas que más vale confiar en el FMI que en los profetas, pero la duda es también parte del conocimiento. ¿Puede la economía mundial crecer solo medio punto menos, cuando aparte de los obstáculos señalados por Georgieva, el crecimiento de China, motor de la economía mundial, se reduce del 8,1% al 4,8%? Es raro, pero también puede ser que China -transparencia mínima- crezca más. O incluso menos.

Para Estados Unidos se prevé un crecimiento bastante menor (4% frente al 5,6% de 2021) debido a que la política monetaria va a pasar de estimular la economía a frenarla (subida de tipos de interés y recompra de bonos) para evitar que la alta inflación descarrile y rompa el equilibrio social. Vale, pero ¿qué pasa si la FED se equivoca en las dosis de adelgazantes?

En la zona euro el crecimiento también bajará (3,9% frente al 5,2%). ¿Y España? Bueno, lo de España es el mundo al revés. El FMI rebaja mucho las perspectivas rosadas del Gobierno. La economía no habrá crecido el año pasado un 6,5% como decía Calviño sino solo un 4,9% (que no estaría mal si en el 2020 no nos hubiéramos desplomado un 10%). Y este año no creceremos el oficial 7% sino un 5,8%. Trago amargo: en el 2021 hemos crecido menos que la media de la UE (5,2%), Italia (6,2%) y Francia (6,5%). Y hasta 2023 no recuperaremos el PIB anterior a la crisis (el de 2019).

Pero Dios aprieta, pero no ahoga. El FMI cree que el 5,8% de este año será superior a la media del euro (3,9%) y al de Francia, Italia y Alemania. Seremos -quizás por los fondos europeos- la economía avanzada que más crezca e incluso estaremos un punto por encima de China. Ojalá el FMI acierte porque el empleo, el equilibrio social y el no descarrilamiento político están en juego.

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Pero el escepticismo, no solo sobre la previsión de España, es saludable. El FMI prevé que el precio del gas natural suba un 48% (menos que en el 2021), pero todo depende de lo que haga Putin los próximos días. ¿Quién lo adivina? Y el FMI apuesta -no quiere ser alarmista- a que la inflación de los países adelantados se vaya moderando, acabe el año en el 3,9% (con el BCE de los nervios) y baje en 2023. Lo firmo.

Hay que trabajar con las previsiones razonables del FMI, pero sabiendo que no es infalible y que, como advierte la propia Georgieva, hay mucha niebla en la autopista. 

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