Moda Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La extinción de la corbata

Es una prenda que parece ya relegada a los actos oficiales y las ceremonias. Es decir, a los disfraces

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Elon Musk en el MWC

Elon Musk en el MWC / RICARD CUGAT

Un anuncio radiofónico asegura que los jóvenes eligen no llevar corbata, del mismo modo que (se supone) prefieren los coches híbridos. Es decir, es cuestión de evolución, de modernidad. Busco datos. La industria de la corbata, en efecto, está de capa caída. La pandemia no ha ayudado. El teletrabajo ha creado sus propias tendencias, realzando el cuello alto y desterrando las corbatas. La nueva moda tiene un nombre, como todo hoy día: 'Business Casual'. Los ejecutivos más influyentes del mundo la apoyan, con excepciones como la de Mark Zuckerberg (que cuando no va en camiseta lleva traje completo, corbata incluida). Jeff Bezos, Satya Nadella o Elon Musk se muestran a menudo en actos formales sin corbata. Bill Gates, cuando se quita la corbata, se pone un suéter de cuello de pico sobre la camisa, lo cual indica que no ha entendido el concepto (o que es friolero, a saber).

Los políticos sí parecen haber comprendido. Para ser moderno y cercano hay que dejar la corbata en casa. En los mítines, por ejemplo, quien la lleva es ya un auténtico marciano. En el Parlamento cada vez se ven menos, y siempre en el cuello de la vieja guardia o de los más rancios. Algunos empresarios parece que se atreven a descorbatarse del todo, como Pablo Isla, presidente de Inditex. Aunque otros, como Amancio Ortega, parecen muy felices de haberlo hecho. Ya ni siquiera en la banca, uno de los reductos 'corbatiles' más antiguos, son las cosas como antes. Aunque algunos de los banqueros más poderosos parecen a medio vestir cuando se la quitan. Y en fin, que la corbata parece ya relegada a los actos oficiales y las ceremonias. Es decir, a los disfraces. Es una prenda en peligro de extinción.

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Es un buen momento para recordar a George Bryan Brummell, un dandi y opinador inglés —un 'influencer' de su tiempo—, nacido en Londres en 1778. Pasa por ser el inventor del traje y corbata, que puso de moda. Las dos grandes aportaciones de Brummell fueron la sobriedad y la limpieza. Entre sus costumbres extravagantes estaban las de cepillarse los dientes y lavarse a diario. Tenía con su corbata una relación compleja. Las crónicas afirman que necesitaba dos ayudantes de cámara para hacerse correctamente el nudo, que llevaba muy bien almidonado.

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De la importancia de las corbatas en el siglo XIX habla el manual 'El arte de atarse la corbata demostrado en 16 lecciones', publicado con gran éxito en 1828. No es raro, porque anudarse la corbata es complicado. Hay más de quince nudos diferentes y cada uno tiene sus pros y sus contras. Los más famosos son el simple o americano y el doble o Windsor, y hay que saber elegirlo según sea el cuello de la camisa o la forma de la cara de quien lo viste. Por ejemplo, a los cuellos cortos y las caras redondas les sienta mejor el Windsor. Hay que asesorarse bien, antes de echarse al cuello cualquier cosa.

Leo en una revista de moda que la última tendencia en corbatas es convertirlas en prenda femenina. También le han puesto un nombre: 'Girlboss'. A mí me suena a canto del cisne. A que, ahora que ellos ya no la quieren, nos pasan el muerto a nosotras. 

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