Opinión |
Crisis en Asia central

No sabíamos lo que nos importa Kazajistán

Rusia y Tokáyev serán los ganadores de la crisis si la primera logra apuntalar al segundo en el poder

El presidente de Kazajistán, Kassim Jomart-Tokáyev, durante la conferencia que ha mantenido este lunes con sus alidados de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), este lunes.

El presidente de Kazajistán, Kassim Jomart-Tokáyev, durante la conferencia que ha mantenido este lunes con sus alidados de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), este lunes. / PRESIDENCIA DE KAZAJISTÁN

Georgina Higueras

Georgina Higueras

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Las protestas en Kazajistán que han dejado 225 muertos, miles de heridos y miles de detenidos sorprendieron al mundo por la rapidez de su expansión y virulencia. Ni los propios gobernantes ni ninguna de las potencias con enormes intereses en este país centroasiático –Rusia, China y Estados Unidos– imaginaron una explosión de ira tan brutal. El malestar por la creciente desigualdad desde la crisis financiera de 2008, la corrupción y el nepotismo incendió las manifestaciones espontáneas contra el programado fin del precio reducido del gas natural, que utilizan buena parte de los vehículos kazajos.

La opacidad del funcionamiento interno del régimen de esta república exsoviética no permite saber quién estaba detrás de las protestas, que han llevado al presidente Kasym-Yomart Tokáyev a destituir a Nursultán Nazarbáyev, el autócrata que dirigió el país desde su independencia en 1991 hasta que cedió la jefatura del Estado a Tokáyev en 2019, aunque siguió reteniendo el poder al mantener el cargo de presidente del Consejo de Seguridad Nacional y colocar a su mano derecha, Karim Masimov (ahora destituido y encarcelado), al frente del Comité de Seguridad Nacional, que incluye los servicios secretos.

La protesta social destapó la lucha soterrada entre la élite del poder kazajo. Tokáyev temió el zarpazo de Masimov y se libró de él con una jugada maestra. El 5 de enero apeló a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), liderada por Rusia, para que le ayudaran a combatir una amenaza terrorista de grupos “entrenados en el extranjero”, aspecto fundamental para lograr el primer despliegue de la OTSC desde su fundación, cuyo mandato no cubre disturbios internos. Al día siguiente, decenas de aviones rusos aterrizaron con 2.500 miembros de las fuerzas especiales, mientras columnas de tanques atravesaban la segunda frontera más larga del mundo, tras la de EEUU y Canadá.

China y EEUU se quedaron paralizados. La gran incógnita era saber si una vez dentro, los militares rusos decidirían permanecer indefinidamente. Se puso en evidencia la extrema vulnerabilidad de China para afrontar la crisis de un aliado y el declive de EEUU tras su salida de Afganistán. Para alivio de unos y otros, Tokáyev logró controlar el país y está previsto que las tropas rusas y de la OTSC, que solo protegieron instalaciones estratégicas, terminen su salida esta misma semana.

Kazajistán siempre presumió de una política exterior multidimensional de lazos firmes con Rusia, China, EEUU y Turquía. El cortejo occidental y el creciente nacionalismo kazajo irritan a Moscú, pero no hay duda de que, después de esta demostración de apoyo, si Rusia logra apuntalar el régimen de Tokáyev, Kazajistán se convertirá en un aliado más confiable. Los grandes ganadores de la crisis serían entonces Tokáyev y Rusia, aunque la caída de Nazarbáyev sea una lección para Putin.

Primer exportador de uranio, 12ª reserva mundial de petróleo, además de gas, cobre, aluminio, zinc, plomo, plata y oro, este país, con una extensión de cuatro veces España y 19 millones de habitantes de los que 3,5 millones son de etnia rusa, genera el 60% del PIB de toda Asia central y era considerado el más estable. No sabíamos lo que nos importa hasta que no se incendió.

Las petroleras estadounidenses Chevron y ExxonMobil tienen fuertes inversiones en Kazajistán y China lo ha convertido en el principal nudo de comunicaciones de la Nueva Ruta de la Seda con 19.200 millones de dólares invertidos (2005-2020) en transportes –la línea ferroviaria que viene a Europa, el gasoducto, carreteras–, fábricas de paneles solares, parques logísticos, eólicos, telefonía y otros. 

El conflicto estalló en Zhanaozen, en el oeste del país, donde se encuentran los mayores recursos petroleros cuyos beneficios se van a la capital económica, Almaty, y a la política, Nursultán (parece que recupera su antiguo nombre de Astaná), lo que genera una gran frustración. Se extendió con rapidez y desató una inusitada violencia en Almaty –la ciudad más poblada, con dos millones de habitantes y una creciente tasa de paro y delincuencia–, con la quema de edificios gubernamentales y saqueos masivos que traumatizaron a los residentes.

Tokayév necesitará algo más que fuerza para mantener la estabilidad y hacer frente a los desafíos. Restañar las heridas requiere el cumplimiento de los compromisos sociales dejados de lado y repartir los beneficios de los recursos naturales.

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