Tensión geopolítica Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Europa, una voz necesaria en Ucrania

Perseverar en la unidad de acción de los estados miembros de la UE y, dentro de ellos, de las fuerzas políticas más influyentes es un requisito indispensable

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Soldados ucranianos en una trinchera en la zona fronteriza con la región de Donetsk.

Soldados ucranianos en una trinchera en la zona fronteriza con la región de Donetsk. / Anatolii Stepanov / AFP

Era de esperar que de la reunión en Ginebra de los responsables de las diplomacias estadounidense y rusa, Anthony Blinken y Serguéi Lavrov, no saliera un desenlace tangible, un acuerdo de principio o un descenso de la temperatura en el teatro de operaciones. Era asimismo previsible que el papel de la Unión Europea en la gestión de la crisis siguiera siendo menor -no el de Francia y sobre todo de Alemania- y que el conglomerado europeo se atuviera a la estrategia general de la OTAN, que dicta Estados Unidos y secunda el Reino Unido en su empeño de siempre de mantener un vínculo específico con el otro lado del Atlántico. Resultaba menos imaginable, en cambio, que empezaran a multiplicarse las voces, entre ellas la de Javier Solana, que reclaman un papel activo de los Veintisiete para encauzar la crisis lejos del campo de batalla.

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Vista la situación y la propensión a levantar la voz de la Casa Blanca y el Kremlin, la tendencia de la Unión Europea a comportarse como un poder blando parece conferirle un plus de eficacia. Es obvio que Rusia no tiene el menor interés en que los europeos interfieran en su confrontación con Estados Unidos -visto desde Moscú, el pleito es entre dos superpotencias y no admite intermediarios-, pero el hecho es que el grueso de los socios de la Unión Europea son al mismo tiempo miembros de la OTAN, su seguridad está íntimamente relacionada con las decisiones de la Alianza Atlántica y sus intereses están seriamente comprometidos por lo que suceda en su frontera oriental. De lo que es fácil deducir que sería deseable una mayor presencia del toque europeo en el desarrollo de un conflicto que afecta a Europa y que influirá de una forma u otra en la política, la economía y la seguridad en el continente. Es más que probable que, finalmente, sea cual sea el desenlace de la crisis ucraniana, la voz de Europa tenga una influencia menor, pero es deseable que nadie dé facilidades a quienes trabajan para que las cosas sean siempre así. Porque es preciso que más pronto que tarde, desde la Unión Europea, se pueda ofrecer una alternativa viable, equilibrada y duradera para desactivar la crisis ucraniana. 

A partir de esa aproximación a los hechos, se antoja más oportunista que sentida la reacción de Unidas Podemos en cuanto se ha sabido que España despachará al mar Negro una fragata y un dragaminas. Los socios de la OTAN no lo son a beneficio de inventario y los reproches de Irene Montero y otros líderes de su formación, que han presentado la movilización de efectivos como algo contrario a la consecución de la paz, carece de fundamentación lógica: sin resortes para garantizar la seguridad y lograr la paz, la idea misma no pasa de ser una entelequia. El enésimo roce entre los dos universos de la coalición gobernante es manifiestamente innecesario y solo se explica por la necesidad, el deseo o la obligación del socio menor de distinguirse del mayor cada vez que se presenta la ocasión. No podrá alegar incumplimiento alguno de los acuerdos y reglas del juego del Gobierno de coalición. De acuerdo con la Constitución, la política de Defensa es competencia del presidente del Gobierno, y los acuerdos de investidura PSOE y Podemos atribuyó claramente a los socialistas la dirección política de los ministerios de Defensa y Exteriores. Ante esta crisis diplomática, perseverar en la unidad de acción de los estados miembros de la Unión y, dentro de ellos, de las fuerzas políticas más influyentes, es indispensable.