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Diplomacia europea y sanciones

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El ministro de Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, invita al Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, a subir al helicóptero en el aeropuerto internacional de Kharkiv.

El ministro de Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, invita al Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, a subir al helicóptero en el aeropuerto internacional de Kharkiv. / AFP

Francia y Alemania han propuesto esta semana una iniciativa diplomática europea para rebajar la tensión entre Ucrania y Rusia, después de que la Unión Europea (UE) quedara excluida de la negociación directa entre Estados Unidos, la OTAN y Rusia. Los gobiernos alemán y francés han tomado conciencia antes que algunos de los belicosos miembros europeos de la OTAN de que las sanciones muy duras que promueve EEUU contra Rusia en el caso de un ataque militar a Ucrania (y las inevitables contrasanciones rusas) tendrán un coste enorme para la economía de la UE, mientras que su impacto será muy escaso en la economía norteamericana.

Las tensiones de los últimos meses ya han disparado el precio del gas y la electricidad, la inflación y los costes agrarios, industriales y empresariales en la UE. Esto recorta el poder adquisitivo de los europeos y pone en peligro la política de estímulos económicos y costes financieros baratos del Banco Central Europeo (BCE). A diferencia de EEUU, cómodamente alejados al otro lado del Atlántico, la UE se encuentra en primera línea, fronteriza con Rusia y Ucrania. La geografía es testaruda, como señala el historiador norteamericano Robert D. Kaplan, autor de La venganza de la geografía.

Alemania y Francia proponen negociar con Rusia en el marco del formato Normandía (Berlín, París Moscú y Kiev). Un primer obstáculo es que la UE se ha mostrado en los últimos años muy poco activa en resolver el conflicto de Ucrania. Una vez la guerra quedó más o menos estabilizada tras los Acuerdos de Minsk II de 2015, Alemania, Francia y la UE perdieron interés en sus cláusulas políticas y el reconocimiento de la autonomía a las regiones rebeldes del Donbas. Las negociaciones quedaron paralizadas en 2016 y desde entonces sólo ha habido una cumbre en 2019. Otra dificultad es la desconfianza de Moscú por la poca influencia de la UE en Kiev pese a sus ayudas. Un tercer obstáculo son las garantías de seguridad que reclama Rusia.

Interdependencia entre la UE y Rusia

Dada la interdependencia entre la UE y Rusia, las sanciones que Washington quiere que asuma la UE contra Moscú si ataca a Ucrania pueden suponer un mazazo para la economía europea, que aún se recupera de la pandemia. En el primer semestre de 20021, la UE importó el 47% del gas de Rusia y el 25% del petróleo, según Eurostat. A corto plazo no existe un suministro capaz de sustituir el gas ruso, del que dependen para el funcionamiento cotidiano los países del norte, centro, este y sudeste de la UE. El cierre anticipado de las centrales nucleares alemanas ha acentuado esa dependencia. Además, las empresas de la UE tienen invertidos 310.000 millones de euros en Rusia, las compañías rusas deben unos 49.300 millones a la banca europea y los Veintisiete exportaban a Rusia antes de la pandemia por valor de 88.000 millones anuales.

La exclusión de Rusia del sistema internacional automatizado de pagos bancarios SWIFT planteada por EEUU ha sido descartada, según el diario alemán Handelsblatt, porque bloquearía el comercio entre la UE y Rusia, desencadenaría una crisis financiera y fomentaría el uso internacional de los sistemas pagos creados por Rusia y China. EEUU propone como alternativa sancionar a los bancos rusos, aunque Alemania reclama excepciones para permitir los pagos por el suministro del gas y las transacciones comerciales. Washington, Polonia y los bálticos quieren que Alemania vete el nuevo gaseoducto ruso Nord Stream 2, pero el canciller alemán, Olaf Scholz, se muestra cauto. Cualquier sanción que afecte al Nord Stream 2 o al gas disparará más su precio y el de la electricidad.

El arma de la economía

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El historiador Nicholas Mulder, autor de The Economic Weapon: The Rise of Sanctions as a Tool of Modern War, señala que las sanciones económicas “han agravado los conflictos que pretendían resolver” y que “expandir el uso de sanciones puede desestabilizar aún más la economía mundial”. Las sanciones económicas de EEUU a Irán desde 1979 sólo han endurecido al régimen, recuerda Mulder.

El economista John Maynard Keynes, que predijo las fatales consecuencias que tendrían las sanciones económicas del Tratado de Versalles, también previno contra la ineficacia de las sanciones económicas para frenar guerras en una carta a la Liga de Naciones en 1924. En su lugar, Keynes propugnó “la asistencia positiva al país lesionado”, que tiene un efecto estabilizador mucho mejor que las sanciones punitivas. Las abrumadoras sanciones económicas norteamericanas a Japón precipitaron el ataque a Pearl Harbor y generalizaron la guerra en el Pacífico en 1941.