ANÁLISIS

Órdago a Dembélé

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Dembélé se lamenta en el partido ante el Betis.

Dembélé se lamenta en el partido ante el Betis. / Jordi Cotrina

El Barça da un paso al frente en el caso Dembélé dejándole sin partido en Bilbao. Pero, ¿se puede privar a un futbolista de ejercer su trabajo por negarse a prolongar su vínculo contractual con un club? El caso Ousmane plantea un debate apasionante.

La AFE sale a escena y reconoce en un comunicado que “ un futbolista profesional no tiene el derecho a ser alineado ni convocado en todos los partidos”, pero añade a la vez que “si esta circunstancia se pudiera entender como una presión para doblegar su voluntad, y además se producen declaraciones públicas reconociendo este tipo de presiones, estaríamos ante una actuación ilegal por parte de la empresa”.

La última reflexión parece aludir directamente a Mateu Alemany, más contundente que nunca al reconocer el ultimátum del Barça al agente del futbolista: “Debe salir de forma inmediata, nos parece obvio que el jugador no quiere seguir en el F.C Barcelona y por lo tanto no está comprometido en el proyecto del Barça”.

Por la negativa reiterada a aceptar la oferta de renovación del club, es evidente que Dembélé no quiere seguir en el Barça, al menos por las cifras que se le proponen. O que intuye que detrás de la oferta, lo que hay es la necesidad de hacerlo para rebajar el tope salarial, y a la vez una intención de venderlo y recuperar algo de inversión. Pero añadir que por el hecho de no renovar, no está comprometido con el club, es una afirmación muy peligrosa.

En idéntica situación, ¿no está comprometido Mbappé con el PSG por no haber renovado? ¿Dejaría el club parisino al delantero fuera de la convocatoria del cruce de octavos ante el Real Madrid, por ejemplo?

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Me consta que uno de los jugadores en quien más fe tenía Xavi al arrancar su camino al frente del Barça era Dembélé. Escucharle decir que o renueva o hay que buscarle salida porque no les queda otra, es una forma de arrojar la toalla ante una bola a la que se dejó dar vueltas y se ha convertido en explosivo de alto alcance.

Si al que hace unas semanas era considerado por Laporta mejor que Mbappé se le envía a la grada por no renovar, flaco favor se hace el club a sí mismo. La imagen sí que no tiene precio.

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