Análisis

El desequilibrio de Dembélé

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Ousmane Dembélé, el pasado 18 de diciembre en un partido contra el Elche.

Ousmane Dembélé, el pasado 18 de diciembre en un partido contra el Elche. / EP

Con el corazón atravesado por el afilado cuchillo de la decepción, el autor de esta columna, que ha permanecido a bordo del barco de Ousmane Dembélé aun después de que el propio futbolista saltara por la borda como aquel capitán del 'Costa Concordia' que para justificar su irresponsable y cobarde huida en medio de un naufragio aseguró que se había caído al bote salvavidas porque iba borracho, ha dicho basta. Hasta aquí. ‘Nunca mais’. ‘Nevermore’. Se acabó lo de presentar como extravagancias geniales las jaimitadas de un tipo que ni siquiera fue capaz de ponerse bien el brazalete del FC Barcelona el día en que, tras una serie de catastróficas desdichas, le tocó ser capitán durante un cuarto de hora en un partido ante el Ferencvaros y que ahora, en pleno ERE encubierto de la primera plantilla, exige una prima de renovación y un sueldo disparatado para quedarse en el club. Dembélé, ‘plus jamais’.

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Llegados a este punto de ruptura que parece definitivo, se abre el debate sobre qué hacer con el jugador en lo que resta de temporada. Un temperamento regido por las pasiones exige castigo y grada hasta junio. Las voces más serenas y juiciosas del barcelonismo alegan, por contra, que sería absurdo renunciar a la aportación del Mosquito mientras este esté al servicio de la entidad y siga cobrando de ella, y más en un contexto de necesidad como el actual. Y existe, finalmente, un tercer grupo de aficionados que camuflan sus inconfesables ansias de represalia bajo el (razonable) argumento de que no tendría sentido darle titularidades a un jugador que ha decidido irse cuando en su misma posición el Barça ha fichado a Ferran Torres, un futbolista joven que necesita minutos para crecer y asentarse. 

Si me hacen elegir, me inclino por la C. Al fin y al cabo, quienes dicen que Ousmane Dembélé es necesario para el equipo porque “aporta mucho desequilibrio” no parecen reparar en que esta última frase admite varias interpretaciones. Y que, en este caso, todas se ajustan a la realidad.