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Charm-EU es nombre de futuro

La alianza europea de universidades es una nueva forma de pensar la universidad y una manera de trabajar diferente a la que se ha usado hasta ahora

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Pruebas de acceso a la universidad.

Pruebas de acceso a la universidad. / Joan Cortadellas

El futuro de la generación del conocimiento será transnacional, o no será. Y, en nuestro contexto, esto tiene el espacio universitario europeo como marco de referencia. Es aquí donde proyectos como Charm-EU resultan tan fundamentales como ineludibles. Charm-EU es el acrónimo de Challenge-driven, Accesible, Research-based, Mobile European University y es una alianza europea entre diversas universidades para crear actividades propias del sector de forma conjunta. El pasado 13 de enero, la alianza celebró su congreso anual, con la participación de más de 300 personas de 35 países. Este proyecto está liderado por la Universitat de Barcelona, referente del sistema universitario, formando una alianza que incluye al Trinity College de Dublín; la holandesa Universidad de Utrecht, la húngara Eötvös Loránd University y la francesa Université de Montpellier. En la primera fase de la alianza las cinco universidades han podido iniciar, en este curso 2021-2022, el Máster en Global Challenges for Sustainability, el primer producto académico de las más de 60 alianzas promovidas por la Unión Europea.

De forma muy resumida, en cada país hay estudiantes que asisten a clase de forma presencial y las asignaturas se retransmiten ‘online’ simultáneamente en los cinco países. La universidad en la cual se imparte la actividad docente es presencial, siendo así que el alumnado del resto de universidades sigue la formación en línea de forma síncrona. Los estudiantes trabajan conjuntamente con los compañeros de las otras universidades y, a su vez, en cada país hay varias nacionalidades. En definitiva, una interacción transnacional y plural facilitada por tecnologías docentes de vanguardia.

Esta iniciativa conjunta y liderada por una universidad catalana es de las más interesantes que se han generado en los últimos años en el panorama académico europeo. El primer resultado de nuestra alianza señala la dirección en la que las universidades deben enfocar sus planes estratégicos para hacer frente a un futuro en el que la referencia a Europa y sus retos resulta ineludible. Sin embargo, llegar hasta aquí no ha sido fácil y hay que destacar algunos detalles para que, en el futuro más inmediato, se posibilite hacer fácil lo que debería ser fácil.

En primer lugar, las normas de cada país continúan en un marco estatal que dificulta la cooperación transnacional. Ante la necesidad de crear sistemas compartidos como los que propone y requiere Charm-EU, las universidades se han enfrentado a grandes resistencias. Cada Estado implicado ha mostrado una capacidad insospechada de celo en el cumplimiento de sus propias formas de entender la formación. Es cierto que en nuestro caso las cosas no han sido las más complicadas, pero la experiencia en este primer producto académico transnacional prueba que el margen de mejora para facilitar estos procesos es, cuanto menos, considerable.

En segundo lugar, la posibilidad que hemos tenido de disponer de un presupuesto suficiente ha permitido crear incluso el espacio donde poder dar clases tan diferentes al formato al que estamos habituados. Ahora bien, un grano no hace granero. Si no se identifica, reconoce y reproduce el potencial de este tipo de inversión, todo el esfuerzo quedará limitado a un ejemplo de éxito: excelente, pero solo un ejemplo.

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Por último y en tercer lugar, resulta clave reconocer que las alianzas revelan que las potenciales complicidades entre universidades son enormes y los procesos de colaboración también. Cabe decir que no todos los actores están alineados con el propósito de las alianzas, si bien (afortunadamente) se ha comenzado a desplazar del discurso tradicional de la competencia al de la colaboración. Y, en ese aspecto concreto, las universidades catalanas y españolas están siendo modélicas dentro del sistema europeo: un buen número de universidades españolas están trabajando con éxito en redes similares a Charm-EU, generando otros tantos productos académicos. No obstante, en demasiados casos estos procesos suceden a un ritmo ralentizado precisamente por la ausencia de elementos institucionales que favorezcan esas dinámicas cooperativas.

El proyecto que representa este máster y otras iniciativas que comienzan a prepararse en otras alianzas equivalentes a Charm-EU es una nueva forma de pensar la universidad, una mirada hacia Europa y una manera de trabajar diferente a la que se ha usado hasta ahora. El máster es el primer paso pero vendrán más pese a los obstáculos de las administraciones, que deberían trabajar para facilitar estas iniciativas y no poner trabas. Con la puesta en marcha de Charm-EU se hace evidente, una vez más, que las universidades somos motor de cambio y en una dirección indiscutible llamada Europa. Porque, en definitiva, Charm-EU es Europa, es conocimiento y es colaboración transnacional. Es, por tanto, el futuro. Un futuro que no admite demoras.