Separación de poderes Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Abuso de la autonomía parlamentaria

Es poco honorable que el Parlament permitiera a sus trabajadores unos privilegios de los que no goza ningún empleado público, además de un flagrante mal uso de los recursos financieros

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Hemiciclo del Parlament de Catalunya.

Hemiciclo del Parlament de Catalunya. / Europa Press

Uno de los aspectos en los que se manifiesta la separación de poderes propia de los Estados democráticos es el principio de la autonomía parlamentaria. Se trata de un mecanismo clásico presente en nuestra historia constitucional y muy habitual en perspectiva comparada que tiene por objetivo proteger al Parlamento de eventuales intromisiones de otros poderes del Estado, muy particularmente del poder Ejecutivo. Esta autonomía se concreta en la capacidad de la cámara para aprobar sus propias normas de funcionamiento y de gobierno, para decidir su presupuesto, para establecer su organización interna y para diseñar todo lo relativo a su personal, además de responsabilizarse de la seguridad en sus sedes, todo ello con el objetivo de garantizar el ejercicio de las funciones parlamentarias. Así pues la autonomía del parlamento es de carácter normativo o reglamentario, presupuestario, administrativo y de personal y así lo reconocen tanto la Constitución como el Estatuto de Autonomía.

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Por ello, no puede considerarse que el Parlament de Catalunya se haya extralimitado en sus atribuciones al aprobar una licencia de edad que permite a sus trabajadores cobrar íntegramente el sueldo sin necesidad de trabajar durante los cinco años previos a su jubilación, ya que puede hacerlo en virtud de la autonomía presupuestaria y de personal de que goza. Pero sí puede considerarse un abuso del poder que le otorga la autonomía parlamentaria al permitir a sus trabajadores unos privilegios de los que no goza ningún empleado público, además de un flagrante mal uso de los recursos financieros, cuya opaca gestión y sistemática negativa a la transparencia lo sitúan al borde de la corrupción. Esta reprobable práctica se lleva aplicando desde 2008, gran recesión mediante, y todas las presidencias del Parlament lo han consentido hasta hoy, cuando la vergüenza pública ha llevado a la Mesa a anunciar la apertura de negociaciones para revertir la situación. Un comportamiento nada honorable.  

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