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Punto de inflexión en el desierto

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Xavi tras perder la semifinal de la Supercopa de España en Riad ante el Madrid.

Xavi tras perder la semifinal de la Supercopa de España en Riad ante el Madrid. / FCBARCELONA

Existe una dinámica muy curiosa en este Barça de Xavi. El entrenador, cuando analiza el partido, tiene tendencia a huir de los estereotipos y, al ser un hombre inteligente, intenta no solo interpretar la realidad, sino también hacer pedagogía. Son ruedas de prensa que merecen la pena. Eso sí: reproduce, encuentro tras encuentro, un esquema similar. "Han sido nuestros errores", dice. Y añade: "Y eso que lo habíamos trabajado en los entrenamientos.

Xavi cuando analiza el partido tiene tendencia a huir de los estereotipos y, al ser un hombre inteligente, intenta no solo interpretar la realidad, sino también hacer pedagogía

Da la sensación de que olvida la máxima del fútbol y, por lo general, de cualquier deporte. Hablamos justamente de un juego de errores. Ésta es la esencia. Si todo lo preparado en las sesiones a puerta cerrada acabara en una realidad idílica, paralela y mimética del entrenamiento... si cada uno de los equipos que ha trabajado las posiciones, los marcajes, las jugadas a balón parado fuera fiel a las lecciones del míster... si cada táctica elaborada con precisión acabara convirtiéndose en una certeza inexpugnable... entonces todos los partidos terminarían en empate. Y ni siquiera eso, porque un empate también significaría errores a la hora de rematar a gol. Es decir: el error no solo es ineludible, sino necesario.

Minimizar el error

De lo que se trata, seguramente, es de minimizarlos, de hacer lo que proclamaba Josep Pla cuando hablaba de literatura. La operación consiste en tener una idea brillante antes de escribir, saber que tienes el potencial para conseguir una obra maestra; y, después, cuando lo viertes en el papel, tienes que tratar de perder el mínimo porcentaje posible entre lo que imaginabas y lo que escribes. Perder el mínimo de la excelencia pautada y estudiada, pero ser consciente de que, hagas lo que hagas, te dejarás, ineluctablemente, una parte por el camino.

La arenga a posteriori del presidente Laporta es de ese tipo de mensajes paramilitares que se hacen antes de un partido, no después

Xavi es del grupo de los obsesivos, de los que contemplan el fútbol como un ajedrez o como una teoría relativa al universo de la física. Causa y efecto. Si hago tal cosa, si la preveo, se acabará cumpliendo. Y no es esto.

Pero quizá sea lo que le hace falta a este Barça para alcanzar, un día, ese intento de perfección que tuvimos hace años. Quizá por eso, Xavi, sabedor de lo que puede acabar pasando si los astros se alían con su cerebro, reconocía "el punto de inflexión" en el clásico del desierto, pero a la vez se iba de Riad "triste y enfadado".

La arenga del presidente

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Al otro lado del espectro azulgrana, la arenga a posteriori del presidente Laporta. Este tipo de mensajes paramilitares se hacen antes de un partido, no después. "Muy bien, ¡valientes!", dijo mientras el botón central de la camisa estaba a punto de salir disparado hacia Dubai.

"Es un orgullo", exclamó con ímpetu resistente. "¡Habéis dado la cara!". Sí, vale, todos estamos de acuerdo, pero la simbología del entusiasmo (¡repitió "orgullo" cinco veces!) es la de un equipo pequeño, que es lo que, hoy por hoy, todavía somos. Es más la reflexión del general Custer que la del intrépido (y empecinado) Ulises.