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Dos peligros: inflación y Putin

La grave amenaza de Rusia a Ucrania y la subida de los tipos de interés condicionarán 2022

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El presidente ruso, Vladimir Putin, en una foto del pasado mes de junio.

El presidente ruso, Vladimir Putin, en una foto del pasado mes de junio. / EVGENIA NOVOZHENINA / REUTERS

“Nuestro mundo es el mundo” es el título de esta sección. Pero la realidad española es tan absorbente que acostumbra a imponerse a hechos internacionales mucho más relevantes.

Esta semana no será así por dos razones. Una, Jerome Powell, el presidente de la Fed, el banco central de los Estados Unidos, ha dicho que su prioridad no es ya la recuperación económica sino la inflación. Dos, las negociaciones entre Rusia, Estados Unidos y la OTAN sobre la situación en Ucrania, cuyas fronteras desde hace semanas están rodeadas por unos 100.000 soldados rusos, han fracasado. Y los dos hechos nos afectarán.

El martes, Powell compareció ante el Senado y oficializó el cambio de rumbo de la política de la Fed. Desde el inicio de la pandemia (marzo de 2020), el objetivo fue impulsar la economía bajando a cero los tipos de interés y comprando bonos en los mercados para inyectar liquidez y poder de compra. La economía americana –y las bolsas– reaccionaron adecuadamente y por ello el paro ha caído al 3,9%, que se considera casi pleno empleo. La contrapartida es que los precios se han disparado en diciembre hasta el 7%, el nivel más alto de los últimos 40 años.  

Powell fue claro: “La economía ya ni necesita ni desea las fuertes ayudas. La alta inflación se está convirtiendo en una amenaza para el empleo y la duración del ciclo expansivo”. La Fed va a subir tres o cuatro veces los tipos de interés este año y no solo va a dejar de comprar bonos, sino que los va a empezar a vender, lo que implica retirar dinero de la economía. Hay que quitar algo de alegría al consumo y la inversión para que la inflación vuelva al 2%. Las bolsas americanas no han entrado en pánico, pero en lo que va de año ya están en terreno negativo.

En Europa, el BCE aún quiere creer que la inflación es temporal y será más cauto en la retirada de estímulos. Pero el bono alemán a 10 años –por el que había que pagar para obtenerlo– ha subido esta semana al -0,02%, al borde del terreno positivo. Y el bono español –con el que financiamos nuestro gran déficit público– ha subido del 0,3% al 0,6%. En 2021, nuestra nueva deuda no nos costó nada (como si fuéramos alemanes), pero este año no va a ser lo mismo. El coste de la deuda va a subir algo (bueno), o bastante (sería malo). España no va a poder seguir disparando el aumento del déficit. La fiesta de suavizar la crisis con gasto público no va a acabar, pero sí tendrá que aminorarse. 

No es por los americanos. Nuestro IPC ha acabado el año en el 6,5% (3,1% de media). Y el nuevo presidente del Bundesbak, ante el 5% de inflación de la zona euro, se ha preguntado: “¿Es todavía adecuada una política de tan bajos tipos de interés? Y si aún lo es, ¿hasta cuándo?”

Y esto nos lleva a Rusia, porque el disparo de la inflación se debe en gran parte a un aumento brutal del precio del gas natural. Y puede que este incremento sea consecuencia de una política intencionada de Putin. Putin ha dicho que el fin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue un desastre histórico. Y lo piensa no por comunista sino por nacionalista que cree –entre otras cosas– que Ucrania debería ser Rusia. O su protectorado.

Ahora exige que EEUU se comprometa a que Ucrania no entrará nunca en la OTAN y que los países de su antigua órbita (Estonia, Letonia y Lituania) vean limitada la presencia de tropas de la OTAN. Son demandas imposibles y Josep Borrell, el representante internacional de la UE, ha ido a la Ucrania ocupada para explicitarlo.

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Pero Putin juega fuerte. Rusia dice que las negociaciones de esta semana no han servido para nada y deja planear la sombra de una invasión de Ucrania, como la de Crimea en 2014. Y tiene tres armas: una, Europa no es una unión militar (Borrell lucha por un mínimo de una fuerza de intervención rápida de 5.000 hombres). Dos, la economía europea depende del gas ruso. Tres, la garantía americana, la OTAN, que frenó a Stalin, no está en su mejor momento. Los Estados Unidos de Biden no quieren conflictos como indica la ignominiosa retirada de Afganistán.

Sería bueno que Sánchez y Casado, además de pelearse cada día, que parece su razón de ser, hablaran algo de lo que sucede fuera de España. Lo que pase en Ucrania nos afectará.