Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El deporte no es una excepción

Rubiales ha desvelado una actuación que muestra una nula empatía con la situación sanitaria y una complacencia absoluta con la estrategia de imagen de Arabia Saudí

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El deporte no es una excepción

El mundo del deporte es un enorme foco de atracción mediático y las actuaciones de los deportistas, de su entorno y de todo el entramado institucional deportivo no solo afectan a los protagonistas, sino que también funcionan como referente para la sociedad en general. El deporte, hoy por hoy, es un escaparate de primer orden. En la vertiente positiva, irradia una serie de valores útiles para la convivencia. En la parte negativa, sin embargo, también genera actitudes del todo reprobables. Es el caso del culebrón protagonizado por Novak Djokovic a raíz de su testarudez en jugar el Open de Australia siendo consciente de que el país tiene prohibida la entrada a todo aquel que no acredite disponer de la pauta completa de vacunación. Su actitud refractaria a las vacunas y las mentiras que ha presentado como pruebas para poder disputar el torneo han generado el rechazo del Gobierno australiano, dispuesto a «proteger a los ciudadanos tras los sacrificios que han hecho» y, en palabras del primer ministro Hawke, porque «provocaría un sentimiento antivacunas». Esta lamentable historia, que también ha derivado en un conflicto diplomático con Serbia, lo cierto es que ha vuelto a poner sobre la mesa la responsabilidad social que atañe a los deportistas, en unos momentos ciertamente difíciles en los que se ha impuesto la evidencia de la necesidad (y la bondad) de la vacunación, frente a opiniones negacionistas sin fundamento alguno. Es lo que ha recalcado, por ejemplo, el seleccionador de fútbol del Brasil, Tite, al anunciar que Renan Lodi, jugador del Atlético de Madrid, no sería convocado por la 'canarinha' por no tener la pauta completa

Este caso ha destapado una situación esperpéntica e inadmisible, puesto que Lodi (y, según Luis Rubiales, presidente de la Federación Española de fútbol, otros futbolistas) ha disputado la Supercopa de España, que se celebra en Arabia Saudí, sin cumplir los requisitos sanitarios exigidos por las autoridades del país. Para justificar esta anomalía, defendida y promocionada por la propia RFEF, Rubiales ha argumentado que «el deporte genera excepciones». Y que, en caso de haberse exigido la vacunación completa - no obligada en la Liga y en otras competiciones de la FIFA , aunque sí un rígido régimen de pruebas y unas recomendaciones al parecer seguidas laxamente en la vida cotidiana de los deportistas-, «nos hubiesen criticado la falta de 8 o 10 jugadores». Ha llegado a asegurar que, de no haber levantado Arabia Saudí sus propias restricciones, «se hubiera dicho que es un régimen del siglo XII». Las críticas ya habían arreciado por el convenio para disputar la Supercopa (como mínimo hasta 2029) en un Estado con continuas conculcaciones de los derechos humanos, pero esta salida de tono demuestra una nula empatía con la actual situación sanitaria y con la necesidad de dar ejemplo a una ciudadanía que vive inmersa en la angustia de esta sexta ola y una complacencia total con la estrategia saudí de blanquear su régimen con gestos como el bien pagado desplazamiento de la Supercopa española.

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El deporte no puede ser percibido como «una excepción». Y hablar de una regulación que en este caso (como en el de Australia) va a favor de la protección comunitaria como si se tratara de una norma medieval hace un flaco favor a todas las campañas institucionales a favor de la vacunación. El deporte no puede defender que está «al margen» de la política cuando, en este caso, es el campo en el que ha decidido jugar. Y en ningún caso plantear que lo está de las restricciones sanitarias vigentes.