Polémicas Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La lengua hace el ridículo

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Llucià Ferrer.

Llucià Ferrer.

Estamos atrapados en una locura sin sentido. La polémica de la lengua en Catalunya nos convierte en individuos sin razón, entendiendo que el razonamiento es lo que nos diferencia del resto de seres del planeta.

Dos ejemplos: un anuncio de una compañía de algo que alerta de la extinción del catalán y una controversia por no aceptar la palabra "trigo" en castellano en un concurso de TV-3. Las dos son situaciones ridículas si aplicamos el que ya conocemos como el menos común de los sentidos.

Que el catalán sufre un retroceso en su utilización habitual es muy evidente. Que para salir de esa situación se precisen campañas que nos conduzcan a los años 70 es una broma. El fingir un ataque que no es tal, sino que está relacionado con algo más profundo, convierte a los que utilizan estas artes en abuelos cebolletas que parecen quieran volver a luchas caducas por la normalización del catalán donde probablemente ni estuvieron.

El anuncio dice venir de un silencio, citando a Raimon, que alerta del peligro de la extinción del catalán. Tras él siguen anuncios en catalán, programas en catalán, noticias en catalán y hasta el tiempo en catalán. Sin sentido.

El otro caso, polémica reciente, está relacionado con el concurso de TV-3 donde una niña preguntó si podía contestar en castellano porque no le salía la palabra en catalán. La situación tampoco tiene sentido. En los concursos de TVE, Tele 5 o Antena 3, donde el juego está justamente en las definiciones, las repuestas son en castellano. Ni en inglés, en francés o en catalán. Igual que en la BBC. ¿O aceptarían una respuesta en castellano en la cadena británica?

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El único problema fue el exceso reivindicativo del presentador sobre que en TV-3, solo en catalán. Y la niña solo quería ganar los puntos. Ya ven: ¿cuántas veces olvidamos una palabra, en uno u otro idioma, y citamos la primera que viene a la cabeza? Esa es la evidencia de la normalidad bilingüe en la que vivimos.

Resumiendo: menos polémicas inútiles, más profundidad en los debates sobre la inmersión y mucho 'tindercat'. Ya puestos, que las lenguas se muevan.