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Un abeto de autoayuda

Es una suerte que el bueno de Biden no tenga ni puñetera idea de que lo han colocado en tan ridículo altar

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Laura Borrás, presidenta del Parlament de Catalunya

Laura Borrás, presidenta del Parlament de Catalunya / Quique García (EFE)

La verdad es que me da igual si la famosa medallita navideña de Biden la venden en internet o el consulado de EEUU la hace llegar a cualquiera que tenga relación con el mismo, sea un parlamento autonómico, sea la verdulería que les sirve las calabazas por Halloween. Lo único cierto es que Biden no sabría ni colocar a Catalunya en un mapa, y caso de saberlo, a buenas horas tendría constancia de que hay ahí un parlamento. Lo único que muestra la medallita, eso sin lugar a dudas, es que Laura Borràs es tan provinciana como para hacerse una foto colgándola. Parecía la maritornes que se hace una foto con la felicitación que le ha mandado la señora, para que rabien de envidia las primas del pueblo, esas que decían que no llegaría nunca a nada.

Todo eso da igual, decía, porque lo importante es que gracias a la foto de la presidenta aldeana junto al abeto, pudimos captar lo importante del asunto: el árbol del Parlament, del lugar donde en teoría, y solo en teoría, están representados todos los catalanes, estaba plagado de cartulinas con frases de autoayuda, diríase que sacadas al azar de libros de Paulo Coelho: «El corazón del hombre es un mar, ni todo el universo lo llenaría», «La mejor palabra la tienes en el alma», «La mayor riqueza del alma son los sentimientos», y en este plan. Es una suerte que el bueno de Biden no tenga ni puñetera idea de que lo han colocado en tan ridículo altar, o ya tendríamos de nuevo a la Sexta Flota amarrada en Barcelona, esta vez con peores intenciones que ir de putas.

En mi casa no pusimos abeto, pero hasta mi hijo de 11 años se habría cachondeado de sus padres si, de tenerlo, lo hubiéramos convertido en un mural dirigido a adolescentes de poco seso, como el que con tanto esmero cuidaba la Borràs, quien por fin encontró un trabajo a su altura, como reponedora de adornos navideños.

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–Papá, que ya soy mayor, deja de hacer el ridículo con el arbolito –diría Ernest con razón.

Quizás esa fuera la explicación del abeto de autoayuda. Puesto que el Parlament legisla únicamente para el lacismo, diseñaron un árbol de Navidad para quienes piensan que solo con creer en algo, eso va a producirse, que los sueños se convierten en realidad si te lo propones y que a la vuelta de la esquina está la republiqueta. Y, por supuesto, que Biden está pendiente de nosotros.