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¿Barcos cargados de migrantes frente a la costa ibérica?

Los conflictos y la inestabilidad en el norte de África están generando una nueva crisis migratoria que afectará sobre todo a España y Portugal

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¿Barcos cargados de migrantes frente a la costa ibérica?

Ricardo Mir de Francia

Europa está envuelta en problemas. Además de las crisis sanitaria, política e identitaria, económica y energética, ya conocidas, la prolongada crisis migratoria se ha agudizado como consecuencia del ataque híbrido de Aleksándr Lukashenko.

El tema de los inmigrantes nunca ha sido fácil de tratar en suelo europeo. No es un tabú, porque la situación se aborda, pero es incómodo porque se sabe de antemano que va a crear problemas. Es como ese familiar de extrema derecha que viene a la cena de Navidad: siempre intentamos no hablar de política con él.

Existe una brecha entre los países de la Unión Europea sobre esta cuestión. En Polonia y Lituania -y no son los únicos, ni mucho menos- los inmigrantes no son bienvenidos. Los acuerdos entre la UE y Turquía son la prueba fehaciente de lo tóxica que es la cuestión para los Veintisiete: es preferible inyectar importantes sumas en la economía turca para frenar el flujo de inmigrantes procedentes de países de Oriente Próximo.

Si Europa tiembla con una crisis migratoria grave a sus puertas, imagínese lo que sucedería con dos... Y, créanlo, es algo que está a punto de suceder. Estamos tan ocupados "apagando los incendios" en curso que nos olvidamos de las restantes crisis que se están gestando en estos momentos sin que se haya dado siquiera la primera voz de alarma.

Nadie presta atención al Magreb

El Magreb lleva mucho tiempo lejos de ser una región estable. Después de la Primavera Árabe, hace 10 años, había esperanza en el futuro de esta región, se vislumbraban regímenes democráticos y libertades, dotados de garantías individuales. Transcurrida una década, nos damos cuenta de que lo poco que ha quedado de todo ello en la mayoría de estos países, lo que hace pensar a muchos que la Primavera Árabe ha fracasado.

En la actualidad, afrontamos una Libia dividida, una transición reformista en Túnez y a un riesgo inminente de guerra entre Marruecos y Argelia en el conflicto del Sáhara Occidental. ¿Y qué comprobamos? No hay ninguna potencia ni organización internacional que preste atención a la estabilidad en esta región crítica para los países del sur de la UE. No hay esfuerzos por comprender la gravedad de la situación, ni planes para actuar con eficacia en caso de una contingencia.

A este problema se suma el colapso del Sahel. Esto significa que todo el tráfico imaginable - de personas, armas y drogas – que tiene como epicentro esta región del África subsahariana pasará por el Golfo de Guinea y seguirá hasta Marruecos, país a través del cual entrará en Europa. Y ahí radica la importancia de consolidar un Magreb fuerte, que sea capaz de detener a estos tráficos no deseados.

Más tensión que nunca

Marruecos y Argelia mantienen desde hace tiempo un ambiente prebélico. En estos momentos, con las relaciones rotas desde agosto y una guerra en el Sáhara Occidental a punto de estallar, los dos países se preparan para un conflicto directo o indirecto. Aunque ninguno de los dos está interesado en una confrontación armada, las posiciones son ya tan extremas que estamos más cerca que nunca del inicio de la violencia entre ambos estados.

Los efectos serían devastadores y en la Península Ibérica no saldríamos indemnes, sino todo lo contrario. De hecho, basta con mirar las consecuencias de la actual agitación política en Túnez para proyectar el futuro en caso de conflicto entre los dos gigantes del Magreb: un 29% de los inmigrantes que han llegado a las costas de Italia recientemente son tunecinos.

Nadie duda que es este el asunto que amenaza en mayor medida la estabilidad y la seguridad de Portugal y España. Según datos de la UE, el número de cruces entre el norte de África y la Península Ibérica ha superado los 57.000, la cifra máxima registrada en 2018. Gracias al refuerzo del control fronterizo en Marruecos y a los programas de cooperación entre la UE y este país, esta cifra había disminuido en los últimos años.

Sin embargo, si estalla una guerra de esta magnitud, miles de ciudadanos no se sentirán seguros y se dirigirán a Ceuta, Melilla y Tánger, arriesgando todo para llegar a la otra orilla. ¿Podrá y querrá Marruecos, en un escenario de guerra, controlar este flujo de personas desesperadas...?

Otro destino habitual son las Islas Canarias. Según los registros de Frontex, la distancia recorrida para llegar a este destino oscila entre un centenar de kilómetros desde el punto más cercano de la costa africana a más de 1.600 kilómetros desde Gambia. Sin condiciones de seguridad, los migrantes siguen embarcándose en viajes muy peligrosos, a menudo sin llegar a su destino.

Solo para hacernos una idea de las dimensiones del problema: en 2020, con el empeoramiento de las condiciones de vida sociales y económicas en muchos países africanos como resultado de las medidas impuestas para combatir el covid-19, el número de llegadas aumentó 10 veces en comparación con 2019.

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La Unión Europea se ha preocupado de detener las rutas migratorias, pero no de actuar sobre las causas de este movimiento de personas. Se pueden invertir cientos de millones de euros en un mejor control de la migración desde estos países africanos, pero ello no resolverá el problema. La cuestión es que en muchos de estos países del África subsahariana existe una total anarquía. Los gobiernos actuales han conducido a la inestabilidad social y económica, y los conflictos están por todas partes. También el cambio climático ha golpeado aquí más duramente que en otras partes del mundo.

La gente arriesga su vida porque, de no hacerlo, puede acabar muerta o en condiciones de supervivencia inhumanas. Los problemas no pueden detenerse, pero pueden resolverse. Y la mayoría de nosotros solo nos daremos cuenta de ello cuando empecemos a ver varios barcos frente a la costa ibérica. Entonces comprenderemos la gravedad de la situación. Hasta entonces, el problema es suyo, no nuestro.