Historia arrebatada Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Devolver lo robado

Museos alemanes van a retornar un millar de bronces del reino de Benín (hoy Nigeria) robados por las tropas británicas en 1896

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Lord Elgin, en el centro, con los relieves del Partenón recién llegados a Londres.

Lord Elgin, en el centro, con los relieves del Partenón recién llegados a Londres. / GETTY IMAGES / CHRIS WARE

Atesorar obras de arte antiguas es una pasión relativamente reciente. Los bereberes, por ejemplo, no la entienden y por eso funden sin remordimientos joyas antiguas para fabricar otras nuevas y más brillantes. Es cierto que en la antigua Roma hubo un auténtico furor por obras maestras de la escultura de la Grecia clásica que viajaron a Italia para ornar templos, foros, monumentos y palacios. Un caso famoso que cimentó la inicial fama de Cicerón como abogado fue la condena de Cayo Verres, un gobernador sinvergüenza de Sicilia que traficaba con obras de arte expoliadas de sus templos y palacios. Pero con las invasiones bárbaras se olvidaron esos refinamientos al igual que desaparecieron las alcantarillas de las ciudades.

El gusto por las antigüedades sobrevivió en palacios de reyes como Felipe II que fue un apasionado coleccionista de libros y pinturas antiguas. Pero era algo muy minoritario hasta que se encontraron los restos de Pompeya en el siglo XVIII y se utilizaron sus tesoros artísticos para embellecer los palacios cardenalicios y de otros con educación suficiente para apreciarlos y bastante dinero para podérselos permitir. La moda se extendió pronto por Europa gracias a los aristócratas ingleses que hacían el Grand Tour, los primeros turistas, respaldados por una Revolución Industrial que creó clases medias adineradas y llevó al Reino Unido al imperio mundial. Y con sus victorias comenzaron a afluir hacia Londres las obras de arte que sus diplomáticos, militares y comerciantes “tomaban” de los territorios que conquistaban o visitaban. Y así fue como Lord Elgin, un diplomático, se apoderó en 1805 de los frisos de mármol del Partenón en una Grecia que estaba bajo el yugo otomano. Y lo mismo hicieron con las momias de Egipto o la Piedra Rosetta, mientras las puertas de Ishtar de Babilonia o el altar de Pérgamo viajaban hacia museos alemanes y Napoleón empaquetaba obeliscos egipcios con destino a Paris, hacia donde también se encaminaron tesoros de las iglesias y palacios españoles saqueados durante nuestra Guerra de Independencia.

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Los españoles no esquilmamos de la misma manera porque nuestro Imperio fue anterior y la moda por las antigüedades y los objetos de otras culturas todavía no existía. Nosotros nos limitamos a destruirlos por una mezcla de ignorancia y superstición. Nuestros conquistadores veían al diablo en ídolos aztecas como Viracocha, la Serpiente Emplumada, o en las terribles máscaras del dios de la Guerra, Huitzilopochtli. Y como su misión era salvar las almas de los indígenas (además de “aligerarles” de su oro) pensaban que les hacían un favor derribando sus templos y destrozando sus esculturas. Hoy nos parece salvajismo pero es muy injusto juzgarles con criterios y valores de una época muy diferente de la que ellos vivieron.

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Los rusos se llevaron cuanto pudieron de la Europa que ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial y mucho de lo que entonces 'requisaron' se almacena en los sótanos de museos moscovitas a la espera de sacarlos cuando pase tiempo suficiente. Peores fueron los nazis porque no solo robaban sino que asesinaban para hacerlo, en particular a los judíos ricos que caían bajo sus garras. El mariscal Göering, un bufón con pretensiones, amuebló su soberbia villa de Carinhall con esas piezas robadas... que allí se quedaron cuando una cápsula de cianuro le evitó la horca que le esperaba en Nuremberg. 'Monuments men' es una película sobre un equipo norteamericano dedicado en los estertores de la Segunda Guerra Mundial a recobrar objetos robados por los nazis. La búsqueda continúa todavía hoy.

Finalmente parece que llega un cierto arrepentimiento. Museos alemanes van a devolver un millar de bronces del reino de Benín (hoy Nigeria) robados por las tropas británicas en 1896, y el museo del Quai Branly devolvió en octubre 26 de esos bronces saqueados en la misma época por las tropas coloniales. Son muy pocos aún pero es un principio porque se estima que el 90% del patrimonio cultural africano está en Europa. Bélgica también devolverá objetos robados al Congo mientras el British Museum se hace por ahora el loco. A mi me parece una medida justa porque es una forma de reparar, al menos en parte, pasadas injusticias y porque esos objetos contribuirán a que esos países recuperen parte de su historia y con ella el orgullo de un pasado que les arrebató la colonización.