Analista político
Javier Aroca
El Ayuso del Sur
Andalucía inició la primera experiencia del trumpismo ibérico o neofascismo, luego, en otros territorios fue peor pero Moreno Bonilla tiene el dudoso honor de haber sido el primer portero

Juan Manuel Moreno Bonilla / periodico
La gran virtud de Moreno Bonilla, el presidente andaluz, es pasar desapercibido. Otra es parecer moderado. Tiene su mérito gobernar con el auxilio de la ultraderecha, practicar con rigor el catecismo del neoliberalismo libertario y que nadie lo note. Como un camaleón, animal icónico andaluz, cambia de color y es inofensivo.
A ello contribuye su baraka. Lo último es que se hayan convocado elecciones el Castilla y León y que Isabel Díaz Ayuso continúe en su línea. Esto último es fundamental porque que la prensa, en general, muy especialmente la capitalina, con su papel trazador de la información, focalicen en la lideresa provincial madrileña relativiza lo demás.
Moreno Bonilla es moderado es sus maneras pero riguroso en sus objetivos. Ha beneficiado fiscalmente a los poderosos, camina inexorablemente hacia la privatización de la salud, encanija la educación pública, favorece el urbanismo sin control y no duda si tiene que poner en riesgo Donaña, o cualquier otro punto sensible, para beneficiar a sus regantes.
Mientras tanto, Andalucía sigue en sus endémicas cifras de paro, en la desindustrialización (la Junta ni siquiera estuvo en los sucesos de Cádiz), ni mejora la relación con el Gobierno de España para atraer las inversiones y prioridades presupuestarias que permitan a Andalucia dejar de jugar su papel subordinado en España.
Enfrente, una izquierda en mil divisiones y un PSOE cuyo candidato, Juan Espadas, no despierta pasiones, aunque los suyos esperan que, al menos, despierte a los socialistas que se quedaron acostados para no votar a Susana Díaz.
Andalucía inició la primera experiencia del trumpismo ibérico o neofascismo, luego, en otros territorios fue peor pero Moreno Bonilla tiene el dudoso honor de haber sido el primer portero.
Moreno Bonilla es un Ayuso amable, no atrabiliario. Su mensaje de Fin de Año fue en una taberna, con una caña; de Juan Espadas se esperaría que fuera en un ambulatorio. Las elecciones serán pronto pero nadie se dará cuenta.
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