Cuestiones sin resolver Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Algunos retos para 2022

No nos consta ninguna propuesta sólida de la oposición ni ningún proyecto gubernamental que afronte el problema del incremento de los costes energéticos

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Algunos retos para 2022

Cuando llega un nuevo año es habitual reflexionar sobre la experiencia vivida, sobre las cuestiones que todavía siguen sin resolver y que tendrán que ser abordadas sin demora y sobre los retos previsibles no solo en el futuro más inmediato sino también a medio y largo plazo.

En 2021 ha estado dominado, como en 2020, por la pandemia y ha ocasionado millones de contagios, cientos de miles de muertos y una escandalosa división entre los países ricos y con vacunas y los países pobres sin acceso al único mecanismo de prevención. En nuestra casa hemos inmunizado a casi toda la población en muy poco tiempo y sin apenas negacionistas, pero la sexta ola, cuando ya soñábamos con el control y la disminución del virus, está colapsando de nuevo el sistema sanitario de primaria, provocando muchísimas bajas laborales y cierres de servicios, disminuyendo el turismo que había iniciado la plena recuperación y, sobre todo, generando un inmenso desánimo en toda la gente.

Tenemos, pues, desde hace dos años un problema muy grave por resolver y nadie puede garantizar que se acabará pronto si no se vacuna a toda la humanidad. Harán falta, además, diversas mejoras y actuaciones coordinadas entre los estados y en cada uno de ellos ya que la realidad nos muestra hasta qué punto no aprendemos de la experiencia vivida y saltamos de la salud a la economía y viceversa sin dar explicaciones razonables. Este es, al menos para mí, el reto más importante del próximo año y hay que recordar que debe abordarse a escala mundial para lograr su solución.

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A mediados del pasado año se inició un incremento del precio de la energía que todavía ahora la inmensa mayoría de la ciudadanía no entiende ni sabe a qué se debe. Este encarecimiento ha supuesto una importante subida de otros productos como la gasolina, los transportes, la alimentación básica y una inflación que hacía muchos años que no vivíamos. Ni fuimos advertidos, ni hemos escuchado o leído informaciones oficiales que nos aclaren el origen, el desarrollo y el previsible final de esta grave alteración de costes energéticos, ni podemos intuir cómo nos afectará su duración. Mientras en el Congreso de los Diputados asistimos a una vergonzosa reiteración de insultos en las sesiones de control del Gobierno a partir de cuestiones de menor trascendencia, no nos consta ninguna propuesta sólida de la oposición ni ningún proyecto gubernamental que afronte el conflicto tanto en el ámbito estatal como en el europeo.

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Últimamente se ha puesto de relieve que el conflicto de Ucrania y Rusia afecta a la provisión de gas natural y al coste de la electricidad, pero tampoco se nos dice cómo Europa piensa actuar ni cuál es nuestra visión del problema. Al menos sí que hemos manifestado nuestra oposición a la idea europea de considerar la energía nuclear y la del gas como energías verdes. Pero no está claro si el plan europeo saldrá adelante y habrá una mayor confusión sobre las energías renovables que requieren un esfuerzo inversor en nuestro país. Por el momento en España no se va muy rápido y en Catalunya menos. Es un gran reto nacional y europeo que la energía esté controlada, que no contribuya a la inflación y que no incremente las desigualdades sociales.

Este sería el tercer gran reto del año 2022. Ya hace tiempo, en efecto, que la diferencia entre los sectores más ricos y los más pobres en los países del primer mundo está creciendo y que la inmensa fortuna de la gente más rica va aumentando mientras el número de personas pobres no para de subir. La pandemia también ha contribuido a radicalizar la situación: mayor riqueza entre los ricos y más pobreza entre los pobres, que son muchos y muchos más. Es necesario, pues, poner el acento en la mejora de las condiciones de vida de la población más débil garantizando dos derechos constitucionales muy insuficientemente aplicados: el derecho al trabajo y el derecho a la vivienda. En cuanto al primero, el acuerdo entre Gobierno, empresarios y sindicatos, pendiente todavía de su ratificación en el Congreso y que debería acelerarse, es una buena vía de avance pero será imprescindible seguir esforzándose por disminuir las elevadas cifras de paro que nos sitúan en la cola de Europa. En cuanto a la vivienda, es más que urgente disponer de una red suficiente de alquiler social.Pandemia, energía e igualdad social son algunos de los retos del próximo año. La solución no es fácil, pero el esfuerzo es imprescindible.