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TikTok, tragaperras de entretenimiento

Es deliberadamente adictiva, gracias a la acción combinada de algoritmos específicamente diseñados para que, una vez dentro, el usuario no quiera marcharse y siempre vuelva a por más

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La ’app’ TikTok, en un teléfono móvil.

La ’app’ TikTok, en un teléfono móvil. / Europa Press

TikTok ha salido particularmente fortalecida de la pandemia. Esta red social china, fundada por la compañía ByteDance en 2016, cuenta en la actualidad con más de 1000 millones de usuarios únicos activos y unas estadísticas de consumo sorprendentes. Pequeños cortos en clave de comedia, tutoriales, preguntas y respuestas, bailes, retos, denuncias, vlogs… la piedra angular de TikTok es el vídeo corto, en torno al cual se ha creado una curiosa amalgama entre usuarios con participación activa (los creadores de contenido) y los que prefieren el consumo pasivo (usuarios que ven e interactúan con los vídeos de otros). A nadie que tenga adolescentes en su entorno se le habrá escapado el tiempo que le dedican. El acto de deslizar el pulgar por la pantalla, tan integrado en los usuarios de móviles, en TikTok se convierte en una máquina tragaperras de entretenimiento. Cada vídeo que sirve activa un mecanismo de recompensa en el cerebro, pequeñas descargas de dopamina que transmiten un mensaje inequívoco al usuario: “¡Cómo mola esto! ¡Sigue haciéndolo!”. 

A todos los que estamos varias generaciones por detrás de la generación TikTok nos resulta difícil comprender el atractivo de un tipo de entretenimiento tan breve y efímero. La realidad es que parte de su éxito tiene poco que ver con la voluntad del usuario. TikTok funciona porque es deliberadamente adictiva, gracias a la acción combinada de algoritmos específicamente diseñados para que, una vez dentro, el usuario no quiera marcharse y siempre vuelva a por más. Así se desprende de una investigación publicada recientemente por 'The Wall Street Journal', que detalla cómo la aplicación analiza minuciosamente los vídeos que cada usuario reproduce y las condiciones de esa reproducción con un objetivo claro: crear una madriguera de la que es imposible salir. TikTok quiere alargar al máximo el tiempo de uso, un mecanismo básico de los ecosistemas digitales basados en la publicidad. Cuanto más largas son las sesiones, más sabe la red de sus usuarios y, por extensión, les podrá exponer a mensajes publicitarios más alineados con sus preferencias. Esta es la cuestión de fondo: en TikTok los usuarios están a merced de una monitorización de la que no siempre son conscientes y su percepción de la realidad está profundamente condicionada por la selección de contenidos que hace la plataforma. 

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Según la información publicada por el 'Journal', en apenas unas horas el algoritmo de TikTok es capaz de detectar las preferencias musicales del usuario, lo que le atrae físicamente, si está deprimido o si podría estar consumiendo drogas, entre otras cosas. Toda esa información se emplea para generar un circuito cerrado muy efectivo, ya que aumenta el tiempo de conexión y consigue que siempre se quiera volver a por más. Esto es, en gran medida, mérito del sistema de recomendación, diseñado para destacar aquellos vídeos que puntúan muy bien en tres ámbitos: 'likes', comentarios y tiempo de reproducción. TikTok 'cocina' fenómenos virales coordinando respuestas masivas de sus usuarios, algo que consigue exponiendo determinados vídeos a muchas personas a la vez. Además, apuesta por la variedad, porque sabe que ese es el principal antídoto contra el aburrimiento. Cuando ofrece vídeos muy diversos, la red consigue activar pequeñas descargas de ese potente neurotransmisor que es la dopamina, la respuesta natural de nuestro organismo cada vez que recibe algo nuevo e inesperado, generando una sensación muy placentera. El problema es que la dopamina jamás está satisfecha: siempre quiere más

Son muchas las voces que alertan sobre los riesgos de la exposición constante de dopamina en adolescentes ya que sus lóbulos frontales, la parte del cerebro responsable del sentido de la realidad, no están tan desarrollados, lo que los vuelve más sensibles a estos mecanismos. Cada minuto que pasan encerrados en este pozo de 'scroll' infinito le dan una vuelta más a esa prisión de cristal que el algoritmo construye en torno a ellos. Los jóvenes son el eslabón más débil de una nueva economía del entretenimiento, que no advierte de los riesgos que la constante gratificación instantánea pueden tener en la edad adulta. Luchar contra este enemigo silencioso requiere, sobre todo, educar para comprender que en Internet si es gratis no eres el cliente: eres el producto