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No mires más Twitter

Creo sinceramente que el cine y las redes sociales no habían estado nunca tan cerca. 'No mires arriba' nace en las redes, parece brotar de su inquietud y su preocupación, pero también de su rabia y de su furia

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Leonardo di Caprio y Jeniffer Lawrence en ’No mires arriba’.

Leonardo di Caprio y Jeniffer Lawrence en ’No mires arriba’.

Esta columna nace vieja y antipática porque va sobre 'No mires arriba', la película de la que todo el mundo habla. O de la que todo el mundo hablaba. Nace vieja porque, a una semana de su estreno en Netflix, nadie quiere saber nada más de ella. A la asunción de lo rápido que mueren hoy las películas se suma el hartazgo por el aluvión de opiniones cruzadas estos días en redes. Esta vez estamos bastante cerca de poder responder que no a una de las preguntas estrellas de Twitter, una pregunta impertinente que aparece cada dos por tres: ¿queda alguien que no haya opinado ya sobre tal película? ¿Hay alguien que aún no tenga opinión sobre tal cosa? Y nace antipática por lo mismo, porque la película de Adam McKay, un combinado de sátira política y ciencia ficción, ha llevado al límite una reacción injusta en la que, quien más, quien menos, hemos caído todos alguna vez. Se trata de cogerle manía a una película antes de verla por puro hartazgo, por haber visto, oído y leído tanto sobre ella que se te van las ganas de verla e incluso llegas a pensar que la has visto sin verla. Más aún cuando la película habla del estado del mundo.

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Sin embargo, aun sabiendo que este artículo está condenado a la autodestrucción por esas razones, no tenía sentido cerrar 2021 (mi última columna del año) sin contemplar el fenómeno 'No mires arriba'. Sobre todo porque, en realidad, tiene mucho que ver con esta exposición inicial sobre la saturación, el hartazgo y el enfado. Básicamente, porque son los materiales de los que están hechos tanto la película de McKay como el ánimo y la conversación en redes sociales (quedan excluidas aquellas personas que aseguran haber encontrado en ellas espacios de paz). Creo sinceramente que, asuntos de 'fan service' a un lado, el cine y las redes sociales no habían estado nunca tan cerca. 'No mires arriba' nace en Twitter, parece brotar de su inquietud y su preocupación, pero también de su rabia y de su furia. Y muere en Twitter por lo mismo, por su inquietud, su preocupación, su rabia y su furia. Ahora solo me interesa una cosa: saber cómo respira la película entre espectadores menos enganchados a las dinámicas de Twitter que yo y que todos los que han alimentado estos días la enfurecida (y muy divertida) contienda en redes sobre 'No mires arriba'.

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