La monarquía española Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Felipe VI se aburre más que su padre

Juan Carlos I y Felipe VI encarnan las dos aproximaciones antagónicas a la existencia humana: el pícaro y el aplicado

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Felipe VI.

Felipe VI. / DAVID CASTRO

Se acerca el mensaje regio de Nochebuena, pero las palabras de Felipe VI quedarán tapiadas por la presencia silente de su padre en el palco de un partido de tenis, cual buda de Bamiyán que ningún dinamitero consigue derribar. El discurso del Rey vigente volverá a orillar el cisma dramático en el seno de la familia, aunque la pandemia colectiva ofrece un envoltorio idóneo para camuflar la infección rampante en la Zarzuela.

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El hipotético regreso de Juan Carlos I a España causa más ruido que la presencia continua en el mismo país de Felipe VI, un jefe de Estado que alcanzará la cumbre democrática de compartir anonimato con el presidente de Suiza, tal vez no sea el mejor ejemplo. El veredicto de la audiencia se ajusta a la percepción sobre el estado de ánimo de los protagonistas. El Rey se aburre más que su padre en el trono, el esfuerzo paralizante por no cometer un error se traduce en una parsimonia funcionarial, frente al dinamismo de un progenitor sediento que se guió por las pautas del aventurero.

A Felipe VI le viene de familia, ha heredado, en tanto que su padre tuvo que inventarse una monarquía tan detestada por la dictadura como por las fuerzas progresistas. El excelente adiestramiento de Juan Carlos I para sobrevivir al franquismo le concedió un margen de ventaja incluso sobre los gobernantes democráticos. Acumuló mucho más poder del que nunca tendrá su hijo, pese a que ambos están amoldados en teoría por el mismo texto constitucional. En su feroz combinación de ocio y negocio, el refundador de la dinastía también ha desbordado por su preponderancia política a todos los reyes que forman parte de la decoración de la vieja Europa. Al igual que Charles Dickens y John LeCarré, el hijo intenta sortear la punible conducta paterna preservando su influencia, con poco éxito hasta la fecha. Juan Carlos I y Felipe VI encarnan las dos aproximaciones antagónicas a la existencia humana. El pícaro y el aplicado, equivalen a Vittorio Gassman y Trintignant en ‘La Escapada’, es superfluo preguntarse cuál de ellos enamoraba a los espectadores.