Periodista.
Jordi Mercader
El partido del remordimiento
El hecho de ser un conjunto de ilustres desengañados por la deriva populista emprendida por sus viejos compañeros de CDC podría no ser mérito suficiente para obtener el favor del electorado con memoria histórica

chacón / Ferran Nadeu
Àngels Chacón, ex consellera de Empresa, purgada por Quim Torra por no abrazar el legitimismo personificado en Carles Puigdemont, aspira a liderar el centro derecha catalanista. Para dar crédito a su plan de conformar un nuevo partido con la Lliga, Lliures y Convergents, ha dimitido de la secretaría general del PDECat, el único de estos grupos que dispone de un pequeño capital institucional en el municipalismo y en el Congreso de los Diputados. Los restos del naufragio de CDC, provocado por el giro independentista y por la explosión judicial del 3%, incubado desde los días de gloria del pujolismo, buscan un lugar al sol. No parece la operación política del siglo pero sí un intento lógico para poder hacer política con unas mínimas aspiraciones.
Por descontado que al país le vendría bien un centro derecha catalanista con presencia en el Parlament. Un puñado de diputados moderados podrían tener su papel en la consolidación de la transversalidad, única salida viable a la crisis provocada por el 'procés' y encastillada por la política de bloques. Sin embargo, el hecho de ser un conjunto de ilustres desengañados por la deriva populista emprendida por la mayoría de sus viejos compañeros de CDC podría no ser mérito suficiente para obtener el favor del electorado con memoria histórica.
El inconveniente fundacional para los autoconvocados a la reconstrucción de una CDC sin peajes judiciales y con una partitura liberal reconocible es que, salvo unos pocos (el ex presidente de Societat Civil Catalana, Josep Ramon Bosch, entre ellos), todos los demás se dejaron llevar por el fervor independentista sobrevenido de Artur Mas, el padre del desastre nacional catalán. Un error indeleble. La mayoría de estos renacidos en la moderación especularon por un tiempo con la apuesta unilateral de Puigdemont y algunos con la etapa surrealista de Torra. No vieron o no quisieron ver el desastre que avalaban con su silencio hasta que fue innegable. Ahora quieren comprobar si hay un electorado que premie el remordimiento.
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