Reunión con el Ayuntamiento Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Foment no fomenta

La organización patronal ha perdido la ocasión de forzar a Colau a fomentar la nueva economía, la única posible

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 Ada Colau y Janet Sanz junto con Josep Sánchez Llibre

 Ada Colau y Janet Sanz junto con Josep Sánchez Llibre / Joan Cortadellas

Qué pena la actuación de Foment, justo cuando podía haber acorralado a Colau contra las cuerdas. En vez de hacer gala de su nombre vanguardista y fomentar, es decir incentivar el progreso, se ha dedicado a pedirle retaguardia, reivindicar valores del pasado. Ya hicieron lo mismo cuando las primeras peatonalizaciones, temerosos, al exigir al Ayuntamiento que volviese a poner calzadas y parkings.

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Foment ha perdido la ocasión de forzar al Ayuntamiento a fomentar la nueva economía, la única posible. Obligarles a ir en serio en los cambios que la transición ecológica nos urge. Ofrecerse como pionero en responsabilidad empresarial ciudadana. Avanzar en democratizar las nuevas tecnologías, sin duda clave para un futuro próspero. En exigir contundentemente, de una vez por todas, la apuesta por la vivienda, que ningún ayuntamiento, de ningún color, ha sabido ni siquiera remendar. Obligar a Janet Sanz a comprometerse a reurbanizar la ciudad entera y no solo unas calles. Podía haber aprovechado para apostar por las industrias culturales, en vez de reivindicar que aterrice un mazacote 'alien' en el puerto. Al revés, haber exigido que se exporte la cultura barcelonesa afuera. Catapultar nuestra creatividad, variopinta y brillante, fuente de riqueza de dos tipos, mercantil y anímica. Han perdido la oportunidad, con la fuerza que tienen, de fomentar un cambio de paradigma económico en tiempos de nuevo humanismo. 

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Pero se han limitado a exigir con vehemencia volver a la vieja anormalidad. Reviven el mantra de generaciones pasadas: 'tocho', ranking, mono de turismo, privatizar, crecimiento, vigilancia, grandes proyectos… Ah, y eximir zonas de bajas emisiones, como en Madrid. Pero ya está llegando un relevo de empresarios concienciados, felices con mejorar su ciudad y su bolsillo; orgullosos de repartir el progreso, pues o es común o no lo es. Es una revolución silenciosa y pacífica, pero creciente e inevitable. Imposible de imaginar para mayores de 30 años o gente sin catalejo. O puesto en la nuca.