Apunte Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Lo de Casado es estrategia

Ni es nueva ni es la primera vez que la utiliza el PP ni se diferencia un ápice de la que aplica la extrema derecha

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Pablo Casado, en la sesión de control de este miércoles.

Pablo Casado, en la sesión de control de este miércoles. / EUROPA PRESS / EDUARDO PARRA

Cuando, a las 9 de la mañana de un miércoles cualquiera, Pablo Casado arremete con virulencia contra el presidente del Gobierno no es porque llegue enfadado al Congreso de los Diputados o porque su agresividad responda a un calentón provocado, qué sé yo, por la lectura de los diarios, por ejemplo. No, Casado no parece una persona iracunda, más bien, al contrario, es afable en el trato personal. Así que cuando ataca a Pedro Sánchez con tanta acritud y fiereza, le acusa de los tremendos males que, según él, estarían atenazando a España y le amenaza con que tendrá que rendir cuentas ante los tribunales está respondiendo a una estrategia perfectamente preparada. Una estrategia que ni es nueva ni es la primera vez que la utiliza el PP ni se diferencia un ápice de la que aplica la extrema derecha. La antigüedad no le confiere respetabilidad a esa manera de hacer, esa siembra de crispación sigue siendo tan deleznable ahora como lo era cuando se inventó.

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Ahora, simplemente, el líder del PP le va añadiendo decibelios en cada sesión de control al Gobierno, tanto en el tono de su voz como en la intensidad de las acusaciones que vierte para deslegitimar al Ejecutivo, en particular a su presidente. El problema, no obstante, no es que utilice una jerga tabernaria —ese “qué coño tiene que pasar aquí”—, es que esa degradación del lenguaje refleja una degradación igual de profunda de la vida democrática. No es que Casado tenga que abstenerse de hacer una oposición dura al Gobierno, esa es de hecho su obligación. Pero no parece que esta sea la mejor forma de ejecutarla. Atemorizado por el empuje de Vox y enredado en su pelea interna con la populista Díaz Ayuso parece haber optado por imitarlos más que por marcar su propio estilo, el que se vislumbró, por ejemplo, en su desmarque de la ultraderecha, cuando hace algo más de un año Santiago Abascal presentó una moción de censura contra Sánchez. Aquello parece que fue un espejismo y que el PP por impotencia, por incapacidad o porque es lo que mejor le sale ha decidido anclarse en la crispación.