Fealdad anacrónica

Sagrada Família, "marranada arquitectónica"

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’Skyline’ de Barcelona, con la Sagrada Família, con su estrella luminosa, y la torre Agbar detrás

’Skyline’ de Barcelona, con la Sagrada Família, con su estrella luminosa, y la torre Agbar detrás / Robert Ramos

Dimos el adiós a Oriol Bohigas con elogios unánimes por su triple labor de urbanista, arquitecto e intelectual activista. La alcaldesa Colau dijo de él que “lideró el mejor urbanismo democrático” y Jaume Collboni afirmó que “fue un visionario que transformó la Barcelona moderma”. Y, sin embargo, qué poco caso le han hecho todas las admistraciones, empezando por el Ayuntamiento, dejando que la ampliación de la Sagrada Família continuase -durante décadas sin ningún permiso administrativo- hasta su paroxismo final. En 2010, EL PERIÓDICO DE CATALUNYA consultó la opinión de seis reputados especialistas, bajo el título 'Un monumento sin control', y Bohigas se reiteró en que el propósito de culminar esa basílica -que original de Antoni Gaudí solo tiene la fachada del Nacimiento y la cripta- era una “marranada aquitectónica”.

Ya en 1964 hubo una sonada campaña de protesta con un manifiesto firmado por Joan Miró, Le Corbusier, Rubió i Tudurí, Antoni Tàpies o el propio Josep Maria Subirachs (que en 1986 cambió de bando al ser contratado por la Junta Constructora). Posteriormente, a medida que se fueron levantando las nuevas torres y esculturas, la crítica por su anacronismo y fealdad siguió siendo unánime. El Col·legi d’Arquitectes pidió su paralización, y el urbanista Jordi Borja afirmó que la ampliación de la Sagrada Familia “es lo peor de la arquitectura y una vergüenza que se haya continuado”. 

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La desidia política de nuestras administraciones, también de la Generalitat, que podría haber parado en cualquier momento las obras, ha permitido la construcción de un edificio de dimensiones ciclópeas y de un gran impacto urbanístico, que culturalmente no aporta nada. Por otro lado, es incomprensible que en una de las ciudades más laicas de Europa acabe señoreando la iglesia cristiana más alta del mundo: la torre de Jesuscristo de 172,5 m de altura redibujará el 'skyline' de la ciudad. A los políticos que han participado en la fiesta de inaguración de la nueva estrella de la Sagrada Família, que todos dicen ser muy de izquierdas y modernos, se les debería caer la cara de vergüenza.