Décima avenida Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

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Una imagen promocional de ’The Beatles: Get back’.

Una imagen promocional de ’The Beatles: Get back’. / Disney+

Paul McCartney toca la guitarra, se diría que casi con indolencia, si es que eso es posible. Como piensan muchos cuando ven arte abstracto, es tentador concluir que eso lo puede hacer cualquiera, lo puedo hacer yo. Es rasgar las cuerdas de la guitarra por rasgarlas. Ahí no hay nada que suene remotamente no ya a los Beatles, sino a una canción. Y, de repente, una chispa de reconocimiento, la melodía suena. Y unos segundos después ahí está: el esqueleto de 'Get back', uno de la larga lista de hits del cuarteto de Liverpool. De la nada al cien creativo en menos de un minuto. 

Hay algo de ‘voyeur’ en el visionado del documental ‘Get back’, dirigido por Peter Jackson, sobre las sesiones de grabación de 'Let it be'. Jackson, un tipo al que le resulta imposible resumir, ha condensado en tres entregas de más de siete horas las 55 horas de metraje y 140 horas de audio de esas sesiones que Paul, John, George y Ringo permitieron que se grabaran íntegramente. El resultado es un larguísimo documental que muestra a cuatro tipos hablando, fumando, bebiendo, tocando y componiendo. Cuatro amigos que en apenas siete años (fascina pensar en qué poco tiempo, apenas siete años, se desarrolló la beatlemanía)  han acumulado un éxito sideral, diferencias profundas (a la sazón, insalvables) pero también una complicidad que, como se ve en el documental, de vez en cuando prende. Y cuando lo hace, oh boy, sin duda eran más grandes que Jesucristo. 

Sentencia de muerte

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Medio siglo después, sabiendo lo que sucedió --la separación, el distanciamiento, las acusaciones, el resentimiento  (ese ‘How do you sleep’ de Lennon, con Harrison haciendo el solo de guitarra, “Lo único que has hecho es ‘Yesterday’”)...-- el documental de Jackson  se ve con el fatalismo de saber que nada puede evitar que la rueda del tiempo gire. Ellos no lo saben aún, pero Yoko Ono (presencia silenciosa omnipresente al lado de Lennon) está a punto de convertirse en la Cruella de Vil de la cultura pop contemporánea, y de la cabeza de John cuelga una sentencia de muerte. Esos momentos en que la mecha prende y nacen canciones con ‘The long and winding road’ y ‘Let it be’, esos momentos en que los Beatles son solo cuatro amigos haciendo canciones, están preñados de melancolía. Esto fueron. De esto fueron capaces. Así acabarán, aunque aún no lo sepan. 

Jackson ha recibido críticas por la excesiva duración del documental. Puede ser que haya quien encuentre tedioso ser testigo del proceso de creación, Pero es difícil negarle a Jakcon, fan irredento, que ha creado un documento muy valioso pero de dos caras. El lado brillante de su trabajo es el privilegio de ver el talento fluir, ser testigos en primera fila de la inaprensible alquimia de la inspiración y el arte. El lado oscuro es la constatación de que la vida sería mucho más fácil si todo se limitara a sentarse en corro con los instrumentos e intercambiar ideas, a veces geniales, a veces mediocres,  a veces disparatadas. Sentados en corro, los Beatles eran cuatro chicos felices e invencibles. Fuera de plano, ellos tampoco podían salir indemnes de la vida real.  

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