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Guindos en S'Agaró

El vicepresidente del BCE expresó confianza en la recuperación. También inquietud por el retorno de una inflación que espera sea pasajera

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El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, en la inauguración del XXVI Encuentro de Economía de S’Agaró.

El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, en la inauguración del XXVI Encuentro de Economía de S’Agaró. / Efe / David Borrat

Un optimismo cauto y muy temperado por la incertidumbre fue la nota dominante de los encuentros anuales de S´Agaró (vigesimosexta edición) del pasado fin de semana. Desde Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), hasta el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, y el presidente de la Cámara de España, Josep Lluís Bonet, todos subrayaron que la recuperación está aquí, pero que hay también riesgos serios tanto por las incógnitas de la pandemia como por el rebrote inflacionista de los últimos meses.

El viernes, día de inauguración del encuentro, las bolsas de todo el mundo sufrieron una brusca caída por las noticias sobre el ómicron, la nueva variante del coronavirus con origen en Sudáfrica, que hizo flotar la posibilidad de nuevas restricciones a los viajes internacionales y al turismo que serían una terrible marcha atrás. La recuperación es palpable pues Goirigolzarri, presidente de Caixabank, indicó que los pagos con tarjeta se incrementaron en octubre nada menos que un 20%, no ya respecto a un 2020 muy afectado por la pandemia, sino frente a 2019. Cierto es que la pandemia ha disparado el uso de las tarjetas, pero un 20% indica un consumo alto. Lo preocupante es que la nueva variante desinfla las expectativas pese a que ayer las bolsas recuperaron terreno.

Pero, ómicron aparte, la mayor incertidumbre viene de la inflación que en pocos meses ha pasado de estar muy por debajo del objetivo del BCE del 2% -lo que permitía y alentaba una política monetaria expansionista para salir de la crisis- a situarse en octubre en un 4,1% en la zona euro y un 5,4% en España (un 6,2% en Estados Unidos). Lo que perturba es no saber si esta inflación es un fenómeno pasajero generado por los cuellos de botella de una rápida salida de la crisis, como todavía tienden a pensar en el BCE, o se convertirá en algo más permanente y peligroso por, entre otras cosas, una autoalimentada carrera de precios y salarios.

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Guindos, que desde hace años es un habitual de S´Agaró y al que Anna Balletbó, motor del encuentro, vaticina mucho futuro, no ocultó ni su confianza en la recuperación ni su inquietud. La recuperación es fuerte, pero si la inflación media de varios meses seguidos (no la puntual de dos o tres) alcanza cotas del 4%, el BCE se vería obligado a subir los tipos de interés lo que castigaría el crecimiento. Todavía no estamos ahí porque la inflación media española de los últimos doce meses no es el 5,6% de noviembre (el mal dato provisional de ayer) sino el 2,6% debido a que a principios de año fue muy baja, pero la tendencia hiela la sangre. Guindos, que ve las cosas desde Frankfurt y no desde Madrid, no quiso ocultar que el BCE no podría tolerar -porque de hacerlo las cosas irían a peor- una inflación media sostenida del 4%. Y el gobernador del Banco de España apeló a la responsabilidad de los agentes sociales porque la subida de los tipos de interés castigaría no solo a las familias y las empresas sino a la capacidad de gasto del Estado.

En todo caso Guindos -vicepresidente de un banco central, entidades que tienden a hablar con cierta prepotencia- quiso el viernes recalcar que las previsiones económicas son siempre un ejercicio nada infalible de prever el futuro y que, en las variables circunstancias actuales, las autoridades debían hacerlas con mucha humildad porque la incertidumbre es muy alta. ¿Fue la manera educada del vicepresidente del BCE de llamar la atención al Gobierno sobre unas previsiones triunfalistas que no se están confirmando?