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La trabajada flor de Xavi

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La trabajada flor de Xavi

En el Estadio de la Cerámica debían olerse lo de la flor en el culo de Xavi, porque al mostrar la alineación del Barça en el luminoso nos mostraron a Ronald Koeman como entrenador. Puede que fuera un error o quizás se trataba de un sortilegio, para ahuyentar lo que ya se ha convertido en un tópico. Lo cierto es que Xavi parece tenerla (una auténtica floristería, como anotaba el amigo y colega de estas páginas Xavier Carmaniu), no como el holandés, que hacía honor a un refrán catalán, no demasiado conocido, que reza: “Uns neixen amb la flor al cul i altres amb una banya”.

Koeman tenía un cuerno en ese sitio y el Barça, poco a poco, iba adentrándose por la senda de los que van con el lirio en la mano, regalando ocasiones por doquiera que pasaba, algo que en la Cerámica, para ser sinceros, todavía siguió vigente. Que te metan un gol a partir de un saque de banda del contrario es un despiste. Que te lo metan cuando sacabas tú de banda es un despropósito monumental, como ocurrió con el empate del Villareal que hacía presagiar otra noche aciaga.

No está documentado, pero lo de la flor en el culo supongo que tiene que ver con la confrontación que se establece entre esa parte del cuerpo, generadora de mierda, y el suave perfume que emite la flor, así, en general. La desproporción es evidente y también la singularidad, porque la mayoría cagamos por ahí, sin flor y sin perfume. La suerte, pues, está reservada a unos pocos, como ya nos advirtieron los romanos: “Omnia prospere alicuievenire”. Los éxitos existen, pero son para pocos.

La arenga de Piqué

Ante la avalancha floral, la primera obligación de quien nace de pie o con buena estrella o con la dichosa flor, es advertir, con sonrisa de pícaro, que eso no es cierto, porque tener la flor implica el don de la gracia divina por nacimiento y no por el esfuerzo acumulado con tesón. Y la segunda obligación es advertir que "una flor no fa estiu; ni dues, primaveres”. Es decir, que no siempre va a estar ahí. Por eso, Xavi, acuñó la expresión “flor trabajada” para referirse a la “asistencia” de Ter Stegen en el gol de Memphis. Todo estaba previsto, que es una manera elegante y un poco increíble de quitarse la flor de encima.

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Hablando de Memphis, me sigue fascinando y asustando la manera que tiene de celebrar los triunfos, con un aire melancólico y con una sonrisa apenas esbozada. Está como ausente, como si ocultara un secreto recóndito. Se parece a la mirada pérdida de Unai Emery, que es como si en su cabeza reverberara aún ese 6-1 del Camp Nou cuando vivía en París.

Tendremos conversaciones florales, estos días. Pero quédense con la celebración del segundo gol y la arenga de Piqué. Estaba más pendiente de regar la planta (léase: “no vayamos a hacer el tonto, ahora, amigos míos”) que de festejar el ramo. Piqué fue, en el antiguo Madrigal, el jardinero fiel.