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¿Será Biden un fracaso?

Europa está a la expectativa ante el resultado del experimento de la coalición de socialistas, verdes y liberales en Berlín

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. / Dominick Sokotoff/ZUMA Press Wir / DPA

Pedro Sánchez logró el jueves el mismo apoyo (188 diputados sobre 350) que el año pasado al aprobar los presupuestos de 2022. Es el salvavidas para un Gobierno zarandeado por las críticas externas y las divisiones internas. Pero las encuestas no le son favorables y no va a tener fácil el resto de legislatura.

Por su parte, Pablo Casado debe saber que su estruendoso ruido no le ha hecho ganar ni un amigo en el parlamento. Y que, fuera, Vox sigue. Y no baja. Las elecciones de Andalucía, la comunidad más poblada, serán la gran prueba de 2022, y ahí Moreno Bonilla, el candidato del PP que no es un calco de Casado, lo tiene mejor que el PSOE.

Pero más allá de los Pirineos, dos hechos políticos merecen una reflexión. El primero, en Alemania: el acuerdo final para la coalición semáforo, denominada así por los colores de los tres partidos que la forman: el rojo socialdemócrata, el verde ecologista y el amarillo liberal. Merkel ha presidido la última reunión de su Gobierno recibiendo un gran ramo de flores de Olaf Scholz, su ministro de Hacienda, el candidato socialista que ganó las elecciones y futuro canciller. Impensable en España.

¿Qué implica este cambio en el primer país de la UE? El paso de un gobierno centrista (gran coalición de populares y socialistas), con un gran peso de la derecha (CDU), a otro que también será de centro porque los programas del SPD y de los verdes serán temperados por los liberales pro-empresa, cuyo líder, Christian Lindner, será ministro de Hacienda, el cargo político clave en Alemania tras el de canciller. Y a Merkel, una conservadora centrista, la releva un socialista pragmático que en la campaña no dudó en sugerir que era el sucesor “natural” de una cancillera muy estimada. Y no solo en Alemania.

A Europa le conviene un Ejecutivo mas abierto en Berlín, pero, ¿tendrá la coherencia suficiente?

Mucho dependerá de que Scholz y Lindner, dos caracteres fuertes, logren una síntesis fructífera de liberalismo y socialdemocracia. De que atienda a las empresas –de cuyos beneficios salen los puestos de trabajo, como decía Helmut Schmidt, el maestro de Scholz– y a las demandas de los trabajadores sindicados. Y de cómo la transición ecológica y la descarbonización –‘leitmotiv’ de los verdes– no dañen a la economía. No será fácil y toda Europa estará pendiente del experimento.

La otra noticia de la semana es que el presidente Biden, en horas bajas, ha renombrado a Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal, el banco central americano, que va a ser clave en ir retirando con prudencia las grandes ayudas a la economía (compra de bonos y bajos tipos de interés) para frenar la inflación, que está en el 6,4%, la más alta en EEUU en 30 años. Y es complejo porque no está claro si la inflación es pasajera, porque el fin de la pandemia (¿fin?) ha creado problemas en los suministros de las empresas, o algo más duradero y peligroso.

Biden está en horas bajas. Las divisiones en su partido, entre un ala radicalizada y otra “centrista” muy conservadora, han retrasado mucho –aunque no hundido– sus grandes programas de infraestructuras, pactado con algunos senadores republicanos, y el otro, más avanzado, de bienestar social. ¿Por qué Biden prometió tanto sin atar el apoyo de su partido?

Y tras la derrota de hace un mes en Virginia, las encuestas le castigan. Solo el 41%, contra el 53%, aprueban su gestión, gran desplome en pocos meses. Y el 51% de los electores, frente al 41%, votarían republicano. Y si Biden pierde las elecciones parciales, las de medio mandato de dentro de un año, su presidencia será un infierno.

La economía crece y el paro está por debajo del 5%, pero los precios se han disparado y hay menos trabajadores que antes de la pandemia porque muchos se resisten a volver al trabajo. Algo difícil de entender. Resultado: el índice del sentimiento del consumidor que mide la Universidad de Michigan está en el punto más bajo de los últimos 10 años.

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Atentos.