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El sapo de Maragall y la inquina populista

Si no fuera por la actitud de personas como Giró cabría preguntarse si Aragonès no debería adoptar una solución expeditiva y dejar en la oposición a los que ejercen de oposición

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El ’conseller’ d’Economia, Jaume Giró, durante el debate sobre la tramitación de los presupuestos en el Parlament. 

El ’conseller’ d’Economia, Jaume Giró, durante el debate sobre la tramitación de los presupuestos en el Parlament.  / MANU MITRU

Jaume Giró, 'conseller' de Economia, es -ante todo- un tipo serio. Su ‘O presupuestos o presupuestos’ fue valiente. Nos estaba diciendo que la prioridad, ante las interminables exigencias de los anticapitalistas, era salvar los presupuestos. Valiente porque sentenciaba, a quienes quisieran escuchar, que los presupuestos se debían aprobar, ya fuera con socialistas (la opción inconfesable de los 'juntaires') o con 'comuns' (el plan B de ERC). Otra posibilidad tampoco entraba en ninguna quiniela.

La seriedad de Giró, el rigor y su buena entente con el president Aragonès son valores, no obstante, que penalizan en el grupo parlamentario de los Canadell y compañía, ahí se lleva el griterío, la gesticulación mayestática, la pirotecnia y una aversión a los republicanos que raya el fundamentalismo. Hay más oposición y mayor beligerancia al Govern Aragonès en unas filas trufadas de 'trumpismo', con honrosas excepciones, que en el grueso de la oposición que incluso, en ocasiones, se sorprende cuando se ve superada por la presidenta Borràs y su espejito narcisista.

Giró salvó sus presupuestos gracias a la determinación del president Aragonès y del sapo que sin rechistar se tragó Ernest Maragall. Mientras estos se arremangaban, la dirección de Junts trabajaba en sentido contrario, con voluntad manifiesta de dinamitar la aprobación de los presupuestos. Tal es la inquina, la sinrazón, la apuesta alocada por el cuanto peor mejor.

Si no fuera por la actitud de personas como Giró -al que Junts incluso privó de asistir a reunión alguna con los 'comuns'- cabría preguntarse si Aragonès no debería adoptar una solución expeditiva y dejar en la oposición a los que ejercen de oposición.

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No parece que a corto plazo pueda ocurrir y sería injusto para el buen hacer, entre otros, de Giró. Ocurre que el esperpento protagonizado por los de Puigdemont no fue un episodio puntual. Asistían a la negociación con la CUP a regañadientes, suspiraban en privado por un acuerdo con Illa, se rasgaron las vestiduras por un apoyo de los 'comuns' (con los que ya pactó Torra) que salvaba los presupuestos y no dudaron en arremeter contra Ernest Maragall que fue, a la postre, quien salvó el presupuesto Giró. La deriva de Junts no se explica sólo por el resultado esquivo de las elecciones que siguen sin digerir, es algo incluso más profundo. Cuando uno se deja llevar por el populismo inicia un camino sin retorno.